Esquema de Oración por la paz

 

 

 
(en cursiva para quien dirige la oración)
 
 

Conviene desde el primer momento

ser conscientes de que estamos aquí reunidos,

no por que nosotros lo hemos decidido,

sino porque, en lo profundo de nuestro ser,

quizá sin darnos cuenta, el Espíritu del Señor,

nos ha llamado, nos ha empujado,

nos ha traído aquí, para orar juntos.

Por eso en silencio...

cada una, cada uno, entre en su interior y,

caiga en la cuenta de que ahí, en lo profundo

es habitado por el Espíritu de Dios....

(silencio...)

Nos ha convocado, con  una intención,

con un deseo: orar juntos por la paz.

Tú y yo, nosotras, nosotros,

este anhelo profundo nos interroga,

nos cuestiona, nos interpela, nos inquieta.

Y ello porque sentimos que

la paz se resquebraja por momentos.

Del mismo modo que se desintegraba en la atmósfera,

el Columbia, así también sentimos que la paz mundial, está como frágil cristal,

 en manos no tan frágiles ni tan sensibles,

como para que estalle una guerra, como toda guerra,

de nefastas consecuencias.

Oremos unidos, para que el Espíritu del Señor,

deshaga los planes bélicos, los apoyos a esos planes,

para que se transforme como dice Isaías:

“las armas en arados, las lanzas en podaderas, etc.,”

                                                                (silencio...)

 

CANTO: Oh, Dios crea en mí...

(Después de cantar varias veces, oremos en silencio esta plegaria...)

 

La paz empieza por limpiar la propia casa,

el propio estilo, el propio pensamiento..

necesitamos “curación interior”...

Debemos caer en la cuenta de que el Espíritu Santo actúa

 y que debemos colaborar con él.

 

Para ello, cada uno, contemple sus propios caminos y,

 vea cuáles son los que debe cambiar,

los que debe hacer girar sobre sí mismo para entrar

en el camino de  la paz.

Tenemos que ser muy claros,

y aceptar nuestra propia responsabilidad

en el camino que oscurece o aleja la paz

de nuestra vida, de nuestro entorno y por lo tanto

de la vida de los demás,

colaborando con ello a los planes de guerra,

que hay en tantos corazones,

en tantos proyectos políticos o religiosos...

Veamos cuánta es nuestra intransigencia,

cuánta es nuestra comodidad

en contra del bienestar de los demás,

cuánto nuestro egoísmo despreciando

 las necesidades de los demás...

(silencio...)

 

Dejemos que el Espíritu ilumine nuestro interior,

nuestra mente, nuestra voluntad,

para saber cambiar de dirección,

dejar caminos de destrucción y

tomar los caminos de vida que la Palabra nos muestra...

 

Podemos preguntarnos ahora, en silencio:

 

¿Estoy dispuesta, dispuesto a dejar que la Buena Nueva de Jesús empape mi vida?

¿Estoy dispuesta a vivir un cambio de sentido en mi vida?

¿Estoy dispuesta a dejar impregnarme de savia nueva

que me hará salir de los caminos de dureza, intransigencia, comodidad,

llevándome a una relación renovada conmigo misma,

con Dios, con el otro, la otra,...?

(silencio...)

 

La Palabra de Dios que vamos a orar juntos la tomamos de Mc. 5, 1-20:

 la curación del endemoniado de Gerasa.

Este relato de sanación nos puede iluminar para que nuestra oración,

 se haga viva, tenga resonancias   bíblicas hasta el punto,

 de que podamos conformar nuestro pensamiento con la Palabra de Dios.

 

(El texto bíblico, se lee seguido; después del silencio, se vuelve a ir leyendo cada una de las partes que está dividida la secuencia)

 

Lectura del Evangelio de Marcos:

 

“Llegaron a la otra orilla del lago,

a la región de los gerasenos.

 

En cuanto saltó Jesús de la barca,

 le salió al encuentro de entre los sepulcros

 un hombre poseído por un espíritu inmundo.

Tenía su morada entre los sepulcros

y ni con cadenas podía ya nadie sujetarlo.

Muchas veces había sido  atado con grilletes y cadenas,

pero él había roto las cadenas

y había hecho trizas los grilletes.

Nadie podía dominarlo.

Continuamente, noche y día,

andaba entre los sepulcros y por los montes,

dando gritos e hiriéndose con piedras.

 

Al ver a Jesús desde lejos, echó a correr

y se postró ante él, gritando con todas sus fuerzas:

-         ¿Qué tengo yo que ver contigo, Jesús, Hijo del Dios altísimo?

        Te conjuro por Dios que no me atormentes.

Es que Jesús le estaba diciendo:

-          Espíritu inmundo, sal de este hombre.

Entonces le preguntó:

-         -¿Cómo te llamas?

El le respondió:

-         Legión es mi nombre, porque somos muchos.

Y le rogaba insistentemente

que no los echara fuera de la región.

Había allí cerca una gran piara de cerdos,

que estaban hozando al pie del monte,

y los demonios rogaron a Jesús:

-         Envíanos a los cerdos para que entremos en ellos.

Jesús se lo permitió.

 Los espíritus inmundos salieron,

 entraron en los cerdos, y la piara,

se lanzó al lago desde lo alto del precipicio,

y los cerdos, que eran unos dos mil,

se ahogaron en el lago.

Los porquerizos huyeron y lo contaron

 por la ciudad y por los caseríos.

 

La gente fue a ver lo que había sucedido.

Llegaron donde estaba Jesús y,

al ver al endemoniado

que había tenido la legión

sentado, vestido y en su sano juicio,

se llenaron de temor.

Los testigos les contaron lo ocurrido

 con el endemoniado y con los cerdos.

Entonces comenzaron a suplicarle

que se alejara de su territorio.   (Mc 5, 1-17)

(silencio....)

Podemos fraccionar este texto para in encontrando

el mensaje de salvación... se lee un párrafo del texto bíblico...

y el correspondiente texto siguiente ayuda a profundizar

 

Gerasa es un territorio pagano y,

allí se dirige Jesús para depositar  en él el mensaje de salvación,

la semilla liberadora .

Al pisar tierra, inmediatamente,

entra en contacto con la realidad de este territorio.

Y Jesús se enfrenta y acoge este mundo,

que está impregnado del mal y la muerte.

(silencio...)

Todo está bajo el dominio del maligno,

con el gran poder de una legión.

Aquí de frente, está Jesús.

Si recordamos las tentaciones del desierto,

que él mismo Jesús sufrió,

le podemos descubrir

lleno de la fuerza del Espíritu Santo,

que le empuja a hacer presente allí,

en medio del mal,

el reino de la libertad y de la paz.

Pero en medio de esta realidad surge este hombre,

que supera toda barrera obstaculizadora,

y se acerca a Jesús en cuanto le descubre.

(silencio...)

Se entabla el diálogo entre Jesús y el endemoniado,

que descubre su propia identidad, la suya propia, y la de Jesús.

Nos preguntamos, ¿podrá hacer algo Jesús

ante las fuerzas del mal?

¿Podrá vencer mi propio mal, el mal de la humanidad?

¿podrá algún día construirse la paz

un camino en nuestro mundo?

¿Se desharán los caminos de la guerra, del odio,

de la violencia, de la incomprensión, de la intolerancia,?
¿Podrá Jesús, hacer en nosotros caminos de paz,

de libertad, de comunión, de acogida, de perdón?

¿Dónde realmente está el conflicto:

en la fuerza de Jesús, o,

en nuestro cerrazón, nuestra ceguera, nuestro egoísmo?

(silencio...)

CANTO: El mirar de Dios es amor

Jesús libera a este hombre, y te puede liberar a ti.

Ahora, nos fijamos, en cuál es nuestra actitud:

 

¿La del endemoniado que se deja sanar,

que se deja liberar, que deja que el espíritu de Jesús

le devuelva el don de la vida, de la paz, del sosiego,

o, nos encontramos en la actitud de los porquerizos

que huyeron, o la  de aquellos vecinos suyos

que se llenaron de temor?

¿O la de aquellos que le pidieron que se alejara?

(silencio...)

 

Otra puede ser nuestra actitud,

y es bueno que se la pidamos al Señor con insistencia:

la del endemoniado que había tenido la legión, y que le vieron sus compañeros:

sentado, vestido y en su sano juicio.

 

Oremos en silencio.....

contemplemos nuestra situación personal, para dar cabida a la paz.

CANTO: Haz de mí, Señor,

 

 

 

 

 

REFLEJOS DE LUZ