La Misión de la Iglesia
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"Id por todo el mundo y proclamad la buena noticia(evangelio) a toda
criatura" (Mc. 16,15)
La Misión:
En breve recorrido
que hemos hecho por la vida de las primeras comunidades cristianas, nos
permite afirmar:
La palabra evangelizar significa literalmente "buen mensaje", "buena noticia". Jesús designa como "Evangelio" la llegada del Reino de Dios, que provocará la liberación de los oprimidos y la justicia para los pobres. Este es el anuncio que manda proclamar a sus discípulos tras la Resurrección: "Id por todo el mundo y proclamad la buena noticia (evangelio) a toda criatura" (Mc 16,15) El Concilio Vaticano II recordó que "la universalidad de la misión de la Iglesia, la cual se esfuerza en anunciar el Evangelio a todos los hombres, se basa en el mandato explícito de Cristo y las exigencias radicales de la catolicidad de la Iglesia" (Ad gentes 1) Jesús da una orden precisa a los apóstoles "Proclamad la Buena Nueva a toda la creación" (Mc 16,15), "Haced discípulos a todas las gentes" (Mt 28,19), con una predicación suscitada a la conversión para el perdón de los pecados (Lc. 24,47). En el momento de la Ascensión, los discípulos limitan aún su esperanza al Reino de Israel, pues le preguntan a su Maestro: "Señor ¿Es en este momento cuando vas a restablecer el Reino de Israel?" (Hch. 1,6). En su respuesta, el Salvador les muestra claramente que deben superar el horizonte, y que ellos mismos deben convertirse en testigos no solo en Jerusalén, sino también en toda Judea y Samaria "y hasta los confines de la tierra" (Hch 1,8) El Redentor no cuenta únicamente con la docilidad de los discípulos a su palabra, sino también con el poder superior del Espíritu Santo que les promete "Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que vendrá sobre vosotros" (Hch 1,8) Tras el Sínodo que
los obispos dedicaron en 1974 al tema de la evangelización en el mundo
contemporáneo, Pablo VI utilizó sus resultados para elaborar su
exhortación apostólica "Evangelii Nuntiandi" (1975). En este
documento se concibe la evangelización como la "dicha y vocación
propia de la Iglesia, su identidad mas profunda" (EN, 14).
LLamada a una nueva evangelización La llamada a una
Nueva Evangelización ha sido propuesta por Juan Pablo II en Haití
(1983), con ocasión del encuentro con los obispos de CELAM para: La novedad de la acción evangelizadora afecta a la actitud, al estilo, al esfuerzo y a la programación o como se propuso en Haití, al ardor, a los métodos y a la expresión. Una evangelización nueva en su ardor supone una fe sólida, una caridad pastoral intensa y una recia fidelidad que, bajo la acción del Espíritu Santo generen una mística, un incontenible entusiasmo en la tarea de anunciar el Evangelio. La Nueva Evangelización tiene como finalidad formar hombres y comunidades maduras en la fe y dar respuesta a la nueva situación que vivimos, provocada por los cambios sociales y culturales de la modernidad. A LA ACCIÓN DE PREGONAR EL EVANGELIO SE LE LLAMA EVANGELIZAR. "Evangelizar consiste en anunciar la Buena Nueva del Evangelio, por medio del testimonio cristiano, a los hombres situados históricamente, para que se que conviertan y sean liberados" desarrollamos brevemente cada una de estas afirmaciones: Anunciar la
Buena Noticia del Evangelio La Buena Noticia no consiste puramente en un mensaje intelectual, sino que es un acontecimiento salvífico; fuerza de Dios para salvar a todo el que cree. Esta fuerza de Dios se manifiesta en Jesús de Nazaret, en sus palabras en sus signos, en su muerte y resurrección. El Evangelio, es la persona misma de Jesucristo. La persona de Jesús se identifica con el Reino. Por tanto,
evangelizar es:
Por medio del
testimonio cristiano El testimonio
cristiano tiene las características siguientes:
A los hombres
situados históricamente De ahí que la evangelización deba tener presente a las personas concretas a las que se dirige, sus necesidades y aspiraciones. Por tanto, al evangelizar se debe tener presente que el destinatario de la evangelización, es un hombre concreto. Para que se
conviertan y sean liberados La conversión
La conversión suscitada por la evangelización supone un cambio de sentido y dirección a la totalidad de la existencia humana. Por tanto, la conversión no es un mero cambio de mentalidad, sino algo que afecta al hombre entero, al sentido de su vida personal y social, a los valores que la orientan y a las condiciones sociales que la hacen posible. La conversión es
real cuando la acción evangelizadora alcanza y transforma con la fuerza
del Evangelio:
La conversión cristiana es un largo proceso, para que el cambio sea verdadero, es necesario que surja de una decisión personal, con un cierto grado de reflexión, sea gradual y progresiva y se vaya verificando en compromisos y estilos de vida concretos y reales.. La liberación Por lo tanto, la evangelización es inseparable de la liberación integral del hombre, de su mundo y de su historia, e incluye la liberación total y real de todas las dimensiones de la vida humana, incluso la política. La liberación cristiana, es la misma liberación humana llevada a su plenitud por el don gratuito de Dios que se acoge por la fe.
Los medios de la Evangelización Los destinatarios Los destinatarios
de la obra evangelizadora de la Iglesia se encuentran en una doble
dirección: Hacia el exterior la Iglesia tiene como destinatarios a todas
aquellas personas que nunca han recibido la Buena Nueva de Jesucristo.
Aquí el mandato del Señor Jesús es categórico: "Id y predicad el
Evangelio a toda criatura" (Mt 16,15). Esta es la razón por la que
la Iglesia se siente llamada: La segunda
dirección de la obra evangelizadora es hacia el interior, y aquí la
iglesia percibe una tarea doble:
Una comunidad evangelizada y evangelizadora La Iglesia podrá
llevar a cabo su misión evangelizadora siempre que transparente y
comunique con su vida lo que proclama en su mensaje. Jesús al anunciar a
sus discípulos que eran la sal de la tierra y la luz del mundo, les
advirtió del peligro que constituía el que la sal perdiera su sabor o el
que una lámpara fuera tapada con una olla Las situaciones cambiantes, los continuos avances de la ciencia, las modernas formas de relación entre las personas, obligan a la Iglesia a perpetuar en sí misma la novedad del Evangelio; la actuación del Espíritu Santo la capacita para responder con su vida y su palabra a los retos que constantemente le presenta nuestra civilización. Esta actuación del
Espíritu, que la conduce a la verdad plena (Cfr.Jn 15,12-14), se realiza
a través de diversas mediaciones como:
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