Recursos pastoral Pastoral
 

CUENTOS

www.reflejosdeluz.net

 

 
 

 

 

 

 

PARÁBOLA DE LOS BUSCADORES DE ORO

 

Cuentan que allá en el lejano oeste, cerca de la peña de La Mina, los hombres se afanaban en buscar por los ríos y las montañas algunas pepitas de oro.

Andaban todos "con cara de perro", sin mirarse unos a otros. Desconfiados, mordidos por la avaricia. Nadie se fiaba de nadie. Cada cual iba sólo. Entre ellos se miraban con cara de pocos amigos. Nadie compartía con los demás ni el almuerzo  ni  la bota de agua ...

Un día, allá en el valle profundo del sur de Arizona se encontraron tres ansiosos buscadores del precioso metal. Sus instintos de finos rastreadores les llevó a hacer un pacto entre sí:

"si alguno encontraba algo, se lo diría a los otros dos, pero a nadie más". Sólo lo sabrían los tres.

Trabajaron duramente durante tres semanas.

Al fin, el sueño se iba a hacer realidad. Ante sus ojos apareció reluciente por los rayos del sol, un filón de oro. Lo taparon como pudieron para que nadie lo viera.

Locos de alegría se volvieron al pueblo. Allí les vieron por el bar, por la calle ... Se dedicaron a preparar lo necesario para hacer la extracción ... Compraron azadas, picos, capazos nuevos, trigueros...

Al cabo de dos días emprendieron la vuelta a la mina. Iban cargados con  todos aquellos cachivaches... El peso les había fatigado y se pararon a descansar un poco.

Al volver la vista atrás. ¡santo cielo! ¿qué era aquello? Una multitud de gente del pueblo, buscadores de oro como ellos, les seguía a cierta distancia por la "ladera arriba"

Un escalofrío les recorrió el cuerpo de arriba a abajo. ¿quién se había ido de la lengua? ¿quién contó el secreto? ¿quién había roto el pacto?.

Los tres al unísono dijeron: ¡yo, no! Yo, no! ¡yo tampoco! Se enzarzaron en una violenta discusión. ¿Cómo es posible esto?

Tanto discutían a gritos que uno que pasaba cerca de ellos les dijo:

¡habéis sido los tres!. Se os notaba en la cara que habíais descubierto un inmenso tesoro. No lo podíais disimular. Vuestros ojos brillaban de alegría. Se os veía contentos, radiantes de felicidad... Y por todo el pueblo corrió la voz :  ¡han descubierto un filón de oro!!!

¿cómo encontrar ese filón? ‑ no hay más que seguirles a aquellos tres.

 

   
 

_______________________________________________________________________________________________________________

 

Inicio  -  Pensamientos  -  Oraciones  -  Pastoral  -  Cuentos  -  Frases  -  Presentaciones  -  Descargas  -   Lámparas de Barro

Dibujos Religiosos  -  Una frase cada día  -  Agustinas Misioneras  -  Videos  -  Servicios  -  Enlaces  -  Mandalas  -  Premios