| |
"Pero
había en mi corazón algo así como fuego ardiente, prendido en mis huesos y
aunque yo hacía esfuerzos por ahogarlo, no podía" (Jr 20,9).
Para poder descubrir lo que Dios quiere de ti, tienes que aprender a
escuchar, estar atento, experimentar. Para esto, necesitas saber hacer
silencio en torno a ti y en tu interior. El ruido te impedirá percibir.
Está atento a todo, a tus deseos, a tus miedos, a tus inquietudes, a tus
proyectos. Escucha a todos: a los que aprueban tu inquietud, a los que la
critican. Dios se vale de diversos intermediarios para hacerte oír su voz.
Escúchate a ti mismo: ¿A qué se inclina tu corazón ? ¿Qué es lo que
anhelas? Aprende a mirar a los hombres que te rodean, ¿qué te está
diciendo Dios a través de su pobreza, de su ignorancia, de su dolor, de su
esperanza, de su necesidad de Dios...? Escucha al Padre que, a través de
la historia concreta de los hombres, te revela manera como quiere que
colabores en la instauración del Reino.
Ve tu historia. ¿Por cuál camino te ha llevado Dios? ¿Cuáles son los
acontecimientos más importantes de tu vida? ¿De qué manera Dios ha estado
presente o ausente en tu vida? ¿Qué personas concretas han sido
significativas para ti? ¿Por qué?
Contempla el futuro. ¿Qué experimentas al pensar en la posibilidad de
consagrar tu vida a Dios? Tienes solo una vida, ¿a qué quieres dedicarla
por completo?
Ten cuidado en discernir si tu inquietud y la atracción que sientes son
signos de una verdadera vocación consagrada, o bien son manifestaciones de
que Dios quiere que, como laico, intensifiques tu vida cristiana.
Solo si aprendes a escuchar, a mirar y a estar atento, podrás descubrir
los signos de la llamada de Dios.
En este nivel podrás llegar a decir: "Tal vez Dios me esté llamando"
,"siento la inquietud de consagrar mi vida a Dios".
|
|