INFORME DE MI VISITA AL PLANETA TI
INFORME
DE MI VISITA AL PLANETA TIERRA
En el año 2007, poderosísimas
agrupaciones de humanos que habitan en el planeta Tierra adoran a su dios del
Horror y se sacrifican entre ellos, con auténtica vileza, para ofrendarle
cantidades ingentes de Dineromanía; parecen haber mutado silenciosamente,
tal vez a causa de este agente exógeno, arrogante provocador de cambios
selectivos en el fenotipo humano y contaminador de todo el planeta, causándole
severos desequilibrios o daños permanentes a su ecosistema.
Como vampiros de cualquier recurso natural, energetizan su patología rabiosa con
los procedimientos más estúpidos que yo haya podido observar entre los de su
especie. Quieren devorar el mundo y en su tosca irracionalidad brilla
imprevisiblemente una luz de eficacia devastadora.
Los más devotos practican sus rituales en unos templos denominados Bolsa;
construcciones con ábsides iluminados,lugares verdaderamente sagrados para
ellos, espacios suntuosos que recogen el constante murmullo de las oraciones
chirriantes que expulsan, por sus bocas anestesiadas, todos los congregados.
Contenedores grandes, de relojería precisa, donde se administra el tiempo de
vida de los que no consumen Dineromanía, de los que se niegan a adorar al
dios del Horror, de los que adoran a otros dioses, de los que no son de
su especie.
He intentado racionalizar el significado de sus oraciones sin éxito; no he
logrado descifrar las claves de su retórica cuando predican, pues parecen
comunicarse con su dios a través de códigos secretos que extraen de un
convencional panel luminoso, que cambia de configuración aceleradamente. Con la
misma celeridad se mueven ellos, de un lado a otro del templo, en ocasiones
acompasados por timbreos y luminiscencias verdaderamente estresantes, en otras
ocasiones ensimismados y distantes a todo cuanto les rodea, menos al preferente
panel luminoso, al venerado retablo del templo.
Su orden religiosa practica la alquimia en innumerables laboratorios de imágenes
y sonidos; buscan la vida eterna de los dineromaníacos elaborando pociones
virtuales, esclavizando y esclavizados incautamente por la panacea del progreso.
Muchísimos habitantes reciben con resignación, a diario, varias dosis de la
sustancia fármaconoticia, contribuidora mundana a la industria política
de los Sacerdotes del Horror; fórmula casi infalible, de efectos
verdaderamente nocivos para la especie humana, ahora mutante, y en la que he
podido apreciar una especie de parálisis o adormecimiento de los sentidos
morales.
Este maligno concentrado se sirve en formatos especialmente diseñados por los
publitécnicos y sus consecuencias son tan potentes que casi todos los
humanos se resienten de una inevitable inconsciencia. Lo más alarmante es que
les he sorprendido comiendo tranquilamente mientras miran imágenes sangrientas,
escenas de completa exterminación de sus semejantes o incluso la agonía de su
propio planeta, a través de una pantallatonta, sin gozar del más leve
sentimiento de compasión, en estado de letargia, mortificados placenteramente, e
incluso agradecidos por encontrarse lejos de la desgracia visionada.
En la realidad de la naturaleza no encuentran el placer, su insignificancia los
paraliza, temen la libertad y se aferran a su fe en esta frecuencia de imágenes
repetitivas, que se proyecta también en soportes de papel y grandes
cinepantallas.
Los más devotos a este culto ni tan siquiera parpadean ante el sufrimiento
ajeno, precisamente porque han visto muchísimas veces el holocausto, el hambre,
la enfermedad, la guerra y el infierno, que son los ingredientes de esa droga
sofisticadamente adictiva y de fórmula muy estudiada, elaborada alquímicamente
por los monjes de la Orden del Horror.
Cuando los efectos de este perverso tratamiento aminoran y aparece algún síntoma
de libresalud, se les aplica alternativamente una terapia muy efectiva basada en
pequeñas porciones de fiestorrisa, morboenvidia o juegomasas, que
eliminan cualquier estallido del aparato responsablemotriz; así, se unen
para desunirse, para no sentirse culpables, para evadirse de su propio entorno
natural, para liberar sus instintos más primarios, para olvidarse de si mismos,
para auto engañarse al contribuir con los designios políticos de los Grandes
Sacerdotes; esos seres tan poderosos, tan dineromaníacos, tan
horribles, tan amenazantes.
Estos sacerdotes son estúpidos, pero no son incautos; son imprevisibles para los
hombres inteligentes; son invisibles bajo los efectos de
Dineromanía; su
religión les hace fuertes, les permite crear sistemas de terapia en masa, como
la de mundipelota; aplicable cada vez que existen riesgos de que sus
fieles puedan segregar la hormona de la consciencia, generadora de estallidos de
sublevación ante el Sangrosistema; poseen grandes ejércitos de sicarios y
además, parecen invencibles.
Aquellos fieles que se niegan a seguir drogándose o el fármaco les produce un
efecto repulsivo son marginados y se les marca socialmente con el nombre de
locopensadores, que yo identifico por fuentes literarias y antropológicas
como los herederos genéticos de la antiquísima tribu de los librepensadores,
casi extintos por inmutables, inconexos por perseguidos, pero muy temidos por
los sacerdotes; se parecen curiosamente a los de nuestra galaxia y he llegado a
pensar que vinieron del mismísimo Mundopropio. Emanan un aura de
arcángel, enérgica, respetable, brillante. Solo con ellos he podido comunicarme,
informarme fielmente sobre las prácticas perniciosas de esta religión, porque
sólo ellos abren sus ojos ante el dios del Horror sin miedo a ser
proscritos.
Custodian la Tierra a través del amor que sienten por la naturaleza de su
planeta, iluminan las pantallatontas con su razón, conciencian y orientan a sus
semejantes, toda vez que logran filtrarse en las fármaconoticias, alertan
de los riesgos de mutación mediante manifestaciones científicas o artísticas,
frenan la violencia con técnicas de ingenio absolutamente desconocidas por los
sacerdotes, saben producir riqueza y compartirla.
Representan una esperanzadora, aunque reducida, antítesis de los
dineromaníacos.
Los habitantes de la Tierra que se niegan a la práctica dogmática de este culto,
sufren muchísimo al no querer consumir Dineromanía, como sufren siempre
los drogadictos de cualquier planeta, en su fase de abstinencia. Os puedo
asegurar, que son bastante numerosos, que en sus vidas reina la desesperanza,
que experimentan la desolación en un silencio aterrador, que el dios del
Horror los acosa incesantemente, para comérselos por dentro.
Atendidos fielmente por los locopensadores, aliviados en su enfermedad de
pobreza por los librepensadores, se esfuerzan en recuperar lazos afectivos con
la Naturaleza y en fortalecer su raciocinio dentro del Caos.
Su miseria es realmente abrumadora, aunque saben que los sistemas caóticos de
este planeta, desenlazan acontecimientos que demuestran, indefectiblemente, la
vulnerabilidad de los dieneromaníacosante la realidad de la Tierra;
despojándolos de su poder descarnado, delatando su conducta enfermiza como seres
minúsculos y cobardes.
La Atmósfera terrestre, el Sistema Solar, las placas tectónicas, los fluidos
turbulentos y los crecimientos de población demuestran la falsedad de los
Grandes Sacerdotes, rivalizando trágicamente con la soberbia de tantos
rituales necios.
El planeta se revela ahora más enojado, más desconcertante y más amenazador que
en las anteriores visitas que hemos realizado los de Mundopropio, pero
sigue siendo asombrosamente hermoso.
La fauna y la flora que se reproduce en sus pulmones selváticos, exhalan
efluvios que pueden sanar casi todas las enfermedades.
Posee setenta y tres extensiones de agua líquida salada, y contienen cada uno de
los elementos químicos naturales que existen en la placenta de la vida. Se las
ve meciéndose enamoradas, acariciando las rocas en los acantilados, modelando
las orillas de las tierras emergentes, en constante atracción gravitatoria por
la Luna y el Sol. El agua sólida cristalizada sigue exhibiendo majestuosas
formas escultóricas, como siempre libre, en su caprichoso y erosivo quehacer,
creando fascinantes texturizaciones glaciares.
Las arenas, de cristal finísimo, danzan con el viento hasta que las posa en
dunas sensuales de cuerpos dorados, juegan con el agua rizada de espuma blanca,
modelando la silueta de los continentes.
Todo es tan bello, tan inspirador, tan importante, que no puedo comprender el
automatismo de los dineromaníacos, ni el odioso poder que han alcanzado.
Aquí he aprendido a llorar y reír, a sentir nostalgia y alegría, a amar y
perdonar, a descansar y dormir, para ir acostumbrándome a la muerte y,
prácticamente, he aprendido a ser humano.
Este planeta no va a rendirse ante ellos, nunca. Este mundo solo quiere ser
fuente de sabiduría.
Como una bola de cristal, trasluce y envuelve sus misterios en destellantes
iridiscencias, como si aquella antigua diosa griega siguiera colmándolo de
bendiciones.
Es posible que Iris siga aquí, protegiendo la Tierra, alimentándola con los
mensajes que provienen de toda la Galaxia. Es posible que se halle encarcelada
por el dios del Horror, puesto que siempre fue sentenciado por ella, la
más privilegiada diosa de este planeta, la qu anunciaba el fin de la tormenta.
Esa tormenta que ahora amenaza a muchos seres vivos de este mundo tan frágil.
Los inmutables sospechan que los Grandes Sacerdotes han escondido
su justiciera copa de oro, portadora del agua del Estigia, para poder abjurar
sin correr el peligro de perder la voz y el voto, ese voto incasto que los
distingue de los demás. De hecho eran como sus semejantes antes de iniciarse
como votoelegidos, antes de recibir su adoctrinamiento en el templo de
la Bolsa, antes de efectuar el trueque de su bondad por la sustancia
Dieneromanía, en la celebración de un acto público verdaderamente patético;
carente de la “unidad de valor” en la que pretenden basar su dogma de torturas
sistémicas.
Ahora regreso a Mundopropio, antes de que cante el gallo, antes de que
caiga la última noche del 2007, antes de que los dineromaníacos disparen
la pólvora de sus castillos de fuego, siempre hipnóticos en el recuerdo de las
bombas, las metrallas y los carros de combate; antes de que se afanen en su
fiestorrisa del autoengaño y se droguen más que cualquier otro día del año;
antes de que me descubran, me arranquen las alas de la libertad y me cocinen a
su gusto, para servirme de plato especial en su mesa de Navidad, como si se
tratase de un pavo.
Mª Ángeles Lázaro Ruíz