No abandones la esperanza.
La esperanza te da la fuerza
para seguir adelante,
cuando sientas que ya nada te importa.
Nunca dejes de creer en Dios.
Mientras creas que puedes lograrlo,
tendrás un motivo para intentarlo.
No dejes que nadie retenga tu felicidad
en sus manos;
sujétala en las tuyas
para que siempre esté cerca de ti.