Dichosos (Mt 5.1-16)

 

Mi Señor:

             Quiero ser feliz. Sí. Es más, siento que estoy llamada a ser feliz… y lo quiero. Pero ser feliz a tu estilo… no es fácil, porque Tú no llamas a una felicidad a primera vista, sino a vivir con profundidad la paradoja de que quien es fiel, es feliz, de que quien da, recibe, de que quien se entrega por amor, es salvado por el mismo Amor.

            Mi Señor, y para eso hace falta arriesgar. Arriesgar la seguridad de “mis” tiempos por la urgencia de tu Reino, arriesgarse a decir no al consumismo y compartir desde la austeridad. Arriesgarme a quitar las máscaras que ocultan la inseguridad y la fragilidad… y mostrar el rostro a los demás, la vida tal cual. Vivir y hablar desde dentro, desde el dolor y la alegría, desde la vida vivida en plenitud, sin ahorrarme nada.

            Puede parecer que uno es más feliz cuanto más se le considera, cuanto más aparece y se le valora… pero Tú llamas a otra forma de ser feliz. Tú llamas a ser feliz siendo sal y luz. Nadie mira de frente a la luz, ni se toma un plato de sal como manjar, sino que utiliza la luz y la sal para iluminar caminos y sazonar comida.

            La luz que  deslumbra y la presencia excesiva de sal hacen que no se puedan utilizar para lo que están hechas. La finalidad de la luz no es ser vista sino iluminar, sacar los colores, aclarar los senderos… la sal hace que los platos vean realzado su sabor.

Mi Señor, que mi felicidad sea iluminar a otros las sendas que llevan a Tu Vida, que viva para deshacerme para que los demás sean ensalzados… mis hermanos, tus hijos, los que sufren. Que nadie me mire a mí, sino que sea luz que ilumine la realidad que aplasta y oprime y que aprenda de Ti a ser luz que alumbre nuevas sendas de justicia y de paz.

Mi Dios, tu felicidad no es fácil… guíame, no quiero quedarme a medias, no quiero vivir a medias, quiero vivir en plenitud la vida que me regalas

FIAT

 

 

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Reflejos de Luz