No te hiciste esperar

 

No podía concentrarme. Me encontraba en mi mesa de trabajo dispersa, enojada...Había algo en mi que me molestaba de modo inquietante y lo manifestaba interiormente con mil quejas y expresiones de no aceptación, de impotencia: ¡esto no puede seguir así, es imposible, se necesita tomar una determinación...!En ese estado  se  me hacía imposible seguir trabajando...la situación era insostenible. Necesitaba paz, serenidad.

Corté de repente, me aparté de mi trabajo y traté de serenarme, de ponerme en actitud de escucha.

Tu siempre me oías y cuando te necesitaba tu luz llegaba llena de vigor y paz. Ahora  no podía ser de otro modo. Nunca me habías fallado.

 

Señor, te dije angustiada, ¿Qué me estás queriendo decir con todo esto?

¿Por qué me encuentro de este modo?

 

Tu no te hiciste esperar

 

Mis quejas se fueron acallando...la rabia y el enojo se apaciguaban...y poco apoco como una estela de luz y de paz...

Aparecías tu en traje de fiesta  y en la mano traías una joya preciosa

 

Vamos, dijiste, póntela

 

Y ya, en la armonía silenciosa y callada que produce tu presencia, pude ver hermosa y con un brillo resplandeciente  La  joya de la gratuidad.

 

No lo dudes, póntela. ¡Deja lo fácil pequeña!.

 

 Es valentía esta joya, es sonrisa en lo difícil, es entrega generosa,

es no esperar nada a cambio, es el amor gratuito, es donación, es cariño,

 es gratuidad ante el Reino, es siempre estar disponible...

 La gratuidad, mi pequeña, es perla de gran valor, nada fácil de acogerla.

No lo dudes, póntela. Y así, estarás más bella.

 

Es verdad, la dificultad me asustaba y me resistía a aceptarla con mil excusas y nombres diferentes  con los que trataba de justificarme una y otra vez.

Ahora me daba cuenta que estaba poniendo otro nombre a lo que sincera, solo y claramente era miedo a lo difícil.

Miles de matices en mi cotidiano vivir y actuar estaban indicando que muchas veces y ,ahora nuevamente, quería  imponerse sutilmente en mi, y con disfraz para que no lo reconociera como tal, el miedo a lo difícil.

Pero ahora venías tu y, despojándome  de mi careta,  me permitías verme en el espejo con la fealdad que producen las arrugas de este miedo a lo difícil. ¡Qué horrible me encontraba! Era necesaria  toda una limpieza  y colocar la perla que me ofrecías para que sus  reflejos dieran a mi persona un aspecto diferente.

 

Y con agradecimiento me coloqué la joya que me ofrecías.

 

¡Gracias, Señor!

 

Fueron las únicas y agradecidas palabras que pude pronunciar durante el resto del día.

 

¡Señor, Gracias!

 

Y mi lámpara de barro, sucia por las corrientes de aire húmedo que en ella dejaban su huella, aparecía limpia y radiante agradecida al alfarero que ha hecho desaparecer sus manchas.

 

Egt

 

 

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Reflejos de Luz