Buenas noches, Señor

 

Señor, aquí estoy pensando, como siempre, a altas horas de la madrugada. Pensando en lo mucho que estoy aprendiendo, en la cantidad de cosas que la vida me está enseñando.

 

Hoy sé que no puedo detener el tiempo, sé que en la vida vives situaciones maravillosas en las que quisiera hacerlo, detener por un momento el tiempo y disfrutar de ese momento; pero que por el contrario hay momentos horribles en los que sería mejor cerrar los ojos al tiempo y dejarlo pasar sin más. Pero he aprendido, Señor, que la mejor manera de vivir es aprovechando cada segundo de vida, cada instante como si del último de mi existencia se tratara. Y desde hace unos días sonrío, sonrío y aprecio que cuando la gente me mira y me ve sonreír, sonríe también, ¡qué fácil es contagiar la risa!, es incluso más fácil de contagiar que la tos.

 

Es maravilloso disfrutar sonriendo, y levantarme cada mañana viva, con ganas de sonreír. Puede que esté un poco loca, pero no veas, Señor, lo que me llena esta locura. Tengo la esperanza de educar algún día, de estar rodeada de niños, pequeñas criaturas que no conocen el mal, de pequeñas criaturas a las que contagiar mi sonrisa y poner algunas de las primera piedras vivas de felicidad en su vida para que ellos puedan transmitir sonrisas allí donde vayan, porque en mi ya las dibujan hoy.

 

           Tu, Señor, estás a mi lado. He dudado de ti, sí, pero mi mente estaba demasiado cerrada y confusa en lo que a tu existencia se trataba. No sabía como encontrarte y como descubrirte en mi vida. Ahora ya sé el secreto, Señor, el secreto consiste en saber mirar con los ojos bien abiertos la realidad que me rodea. Te descubro, Padre, en las personas con las que me cruzo por la calle, en el autobús, en la Facultad, en el supermercado; sus rostros me muestran vida, vida por todas partes, quizá la de muchos sea una vida dura, llena de dolor y preocupaciones, pero es VIDA de la que aprender. Puedo sentirte, Señor, en mi gente, en esas personas que has puesto en mi camino para que me enseñen, me ayuden, me quieran y me muestren todo lo que quieres para mi y no dejan que mi tiempo pase sin más.

 

           Te descubro en mi propia vida e intento transmitir todo lo que me has regalado, regalas y ojalá me sigas regalando. Quiero gritar que estás en mi vida y que no por ello soy un bicho raro. Soy joven, si, pero creo en Dios ¿y?, y sé que no soy la única, que muchos otros jóvenes como yo tienen esperanza en ti. Y sé que no me dejas sola, porque tú estás en cada joven, en cada uno de esos jóvenes que se meten en líos,  que beben sin parar, que se drogan intentando buscar la felicidad de esa manera.

 

           Ayúdame, Señor, a ser buena con todos. A llevar en mi vida la caridad necesaria para mostrar tu amor, el que me muestras en cada persona, el que me muestras cada instante. Porque como dice esa canción que tantas veces he entonado: “Ubi caritas et amor, ubi caritas, Deus ibi est” (“Donde hay caridad y amor, donde hay caridad, allí está Dios”).

 

          Es tarde, mañana tendré dos exámenes, pero sentía la necesidad de escribir y darte las GRACIAS Señor por permitirme este rato contigo a solas, y todos los demás en lo que te descubro.

 

          Buenas noches, Padre

 

Noe

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