|
|
Sé Tú, Señor, mi única motivación
Sobre la arena suave del camino mis pasos se dirigían al lugar de nuestra acostumbrada cita.
Necesitaba acallar en mi corazón, en mi mente y en todo mi ser aquellas voces que podían ser estorbo para crear en mi esa actitud serena, sencilla, acogedora...sin la cual es imposible encontrarse contigo, Dios mío. Era indispensable alejar de mi todo pensamiento, estado de ánimo, sentimiento que pudiera ser interferencia para que en el silencio donde tu moras pudiera escucharte a ti, no a otra voz diferente.
Me senté , la sombra cubría parte del banco haciéndolo así más confortable.
Presté atención relajante y concentrada al piar de los pájaros que con sus variados y armoniosos trinos alegraban la tarde. Distinguía sus diferentes tonos que parecía querían decir algo...Traté de sentir el aire que rozaba mi cara...Y así, sin hacer otra cosa distinta, permanecí un buen rato...
Y al cabo de un tiempo, como estrellas que aparecen en el horizonte, iban presentándose de nuevo y aún con más fuerza que antes, tus planes, tu querer, que ya es carne de mi carne.
Pero al mismo tiempo se presentaban también como un torbellino arrollador mis debilidades, limitaciones, incoherencias, pecados que podían ser obstáculo para realizar aquello que tu querías de mi. El miedo trataba de acercarse furtivo una y otra vez... pero no pudo hacerlo...
Allí, sentada en mi preferido banco y teniendo como único testigo el bello paisaje que contemplaba de frente se encontraba mi súplica con el Dios compasivo y misericordioso que siempre sorprende.
Señor, te dije, ¡ Se fuerza en mi debilidad! No permitas que otros intereses penetren sutilmente en mi querer. Sí, Señor, ¡Se tu mi única motivación! ¡Se tu la única razón de mi existir! No otra cosa me interesa ni podría hacerme feliz. Sólo el realizar tu querer da sentido a mi vida.
¡Se tu la única motivación que me mueva en cada una de las decisiones y en el actuar de mi diario vivir!
Y permanecí silenciosa largo tiempo y...
escuché sin palabras la respuesta de un Dios que siempre acoge... y descansé... como lo hace un niño en brazos de su madre...
Y mi frágil y débil lámpara de barro se sintió segura, firme y confiada en manos del alfarero que siempre está dispuesto a darle un retoque.
Haz clic aquí..... para enviar esta página a tus amigos
|
|