CUARESMA
UN NUEVO VIACRUCIS.
Una reflexión de cada estación del Viacrucis.
 

Primera Estación
Jesús en el huerto de Getsemaní

Y SALIÓ Jesús como de costumbre al monte de los Olivos, y lo siguieron los discípulos. Al llegar al sitio les dijo: -Orad, para no caer en la tentación». Él sé arrancó de ellos, alejándose corno a un tiro de piedra y arrodillado, oraba diciendo: «Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz. Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya». Y se le apareció un ángel del cielo que lo animaba. En medio de su angustia oraba con más insistencia, y le bajaba el sudor a goterones, como de sangre, hasta el suelo. Y, levantándose de la oración fue hacia sus discípulos, los encontró dormidos por la pena, y les dijo: «¿Por qué dormís? Levantaos y orad, para no caer en la tentación».

(Lc 22,39-46; cf Mt 26,36-46; Mc 14,34-42).

Reflexión

CUANDO nos des participación en tus horas de Getsemani, ten piedad de nosotros.
Cuando conozcamos horas de aflicción para te- ner parte en la tuya, ten piedad de nosotros.
Cuando seamos llamados a compartir los sufri- mientos de tu cuerpo místico, la Iglesia, ten piedad de nosotros.
Cuando tropecemos, como tú, con la hostilidad y el odio, ten piedad de nosotros.Cuando nuestro amor, como el tuyo, se pague con ingratitud, ten piedad de nosotros.
Cuando la desesperación, en las horas de Getsemani, quiera sofocar la esperanza, ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que en Getsemani cargaste con todas nuestras penas, perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que en Getsernaní y en la cruz rescataste y santificaste nuestros sufrimientos, óyenos, Jesús.
Cordero de Dios, que haces que entren en el esplendor del Padre los que han sufrido contigo y en ti, ten piedad de nosotros, Jesús.
Amén.

KARL RAHNER
Hora santa

 

Segunda Estación
Jesús, traicionado por Judas, es arrestado

TODAVÍA estaba hablando, cuando aparece gente: y los guiaba el llamado Judas, uno de los Doce. Y se acercó a besar a Jesús. Jesús le dijo: «Judas, ¿con un beso entregas al hijo del Hombre?».

Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los oficiales del templo, y a los ancianos que hablan venido contra él: «¿Habéis salido con espadas y palos corno a caza de un bandido? A diario estaba en el templo con vosotros, y no me echasteis mano. Pero ésta es vuestra hora, la del poder de las tinieblas.

Ellos lo prendieron, se. lo llevaron, y lo hicieron entrar en casa del sumo sacerdote.

(Lc 22,47-48, 52-54a; cf Mt 26,47-56; Mc 14,43-50; Jn 18,3-12).

Reflexión

SÓLO dos hombres en el mundo han sabido el secreto de Judas, Cristo y el traidor.

Es el único misterio humano que se encuentra en el evangelio. Comprendemos sin mayor esfuerzo lo demoníaco de Herodes, el rencor envidioso de los fariseos, la cólera vengativa de Anás y de Caifás, la cobarde condescendencia de Pilatos. Pero no comprendemos con igual evidencia la abominación de Judas.

Alguien ha dicho que debe buscarse la verdadera razón en la pérdida de fe. Judas había creído firmemente en Jesús, y ahora no podía creer más en él. No vela aproximarse el reino y, en cambio, veía venir la muerte .

Los misterios se amontonan alrededor del misterio de Judas. Pero no hemos invocado todavía el testimonio de aquel que, mejor que nadie y mejor que el mismo Judas, sabia el verdadero secreto de la traición. Solamente Jesús, que veía en el fondo del alma del Iscariote como en el alma de todos, y que sabía desde antes lo que Judas iba a hacer, podría decir la última palabra.

El misterio de Judas está atado con doble nudo al misterio de la redención y quedará para nosotros mismos siendo siempre un misterio.

Giovanni PAPINI
Historia de Cristo

 

Tercera Estación
Jesús es condenado por el Sanedrín

LOS QUE detuvieron a Jesús, lo llevaron a casa de Caifás, el sumo sacerdote, donde se habían reunido los letrados y los senadores. Pedro lo seguía de lejos, hasta el palacio del sumo sacerdote y, entrando dentro, se sentó con los criados para ver en qué paraba aquello. Los sumos sacerdotes y el consejo en pleno buscaban un falso testimonio contra Jesús, para condenarlo a muerte, y no lo encontraban, a pesar de los muchos falsos testigos que comparecían. Finalmente, comparecieron dos que declararon: «Este ha dicho.- ‘Puedo destruir el templo de Dios y reconstruirlo en tres días’»

El sumo sacerdote se puso en pie y le dijo: «¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que levantan contra ti?».

Pero Jesús callaba. Y el sumo sacerdote le dijo: "Te conjuro por Dios vivo a que nos digas si tú eres el Mesías, el hijo de Dios".

Jesús le respondió: «Tú lo has dicho. Más aún, yo os digo: Desde ahora veréis que el Hijo del Hombre está sentado a la derecha de¡ Todopoderoso y que viene sobre las nubes del cielo».

Entonces, el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo: «Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acabáis de oír la blasfemia. ¿Qué decís?».

Ellos contestaron: «Es reo de muerte».

Entonces le escupieron en la cara y lo abofetearon; otros lo golpearon, diciendo: «Haz de profeta, Mesías; dinos, ¿quién te ha pegado?».

(Mt 26,57-67; cf Mc 14,53-65; Lc 22,54-55.63-7 1; Jn 18, 12-14.19-24).

Reflexión

UN DISCÍPULO le traicionó; los demás le abandonaron y huyeron; los que de Él hablan recibido beneficios, le escupieron; el criado del sumo sacerdote, le dio una bofetada; los soldados le golpearon también; los transeúntes se rnofaban e insultaban; los ladrones le acusaban. Y él no pronunció palabra contra nadie, sino que a todos les venció con el silencio, con lo que prácticamente te enseñaba que cuanto con mayor paciencia sufras, tanto mejor vencerás a quienes te hacen mal y más admirado serás por todo el mundo.

SAN JUAN CRISÓSTOMO
Homilía 87 sobre san Mateo, 3

 

Cuarta Estación
Jesús es negado por Pedro

PEDRO estaba sentado fuera, en el patio, y se le acercó una criada vle dijo: «También tú andabas con Jesús el Galileo». El lo negó delante de todos, diciendo. «No sé qué quieres decir,. Y al salir al portal lo vio otra vez, y dijo a los que estaban allí: «Este andaba con Jesús el Nazareno». Otra vez lo negó él, con juramento: «No conozco a ese hombre». Poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron: «Seguro; tú también eres de ellos, se te nota en el acento». Entonces él se puso a echar maldiciones y a jurar, diciendo: «No conozco a ese hombre». Y enseguida cantó un gallo. Pedro se acordó de aquellas palabras de Jesús: «Antes de que cante el gallo, me negarás tres veces». Y, saliendo afuera, lloró amargamente.

(Mt 26,69-75; cf Mc 14,66-72; Lc 22,56-62; Jn 18,15-18.25-27).

Reflexión

PEDRO, desconcertado y terniendo por su vida, abandona cobardemente a su maestro y llega hasta afirmar con juramento que jamás le conoció. ¡Oh misericordia infinita de Jesús! Los criados del sumo sacerdote le arrastraron hacia el lugar donde se encontraba el apóstol; al verle, le dirigió una mirada de reproche y de perdón; Pedro se humilla y llora. En este momento sale del palacio maldito; en adelante, arrepentido, no se consolará hasta haber visto a su Maestro resucitado y triunfante. Sea nuestro modelo este discípulo pecador y convertido.

Dom Próspero GUERANGUER
El Año Litúrgico

 

Quinta Estación
Jesús es juzgado por Pilato

Pilato, preguntó a Jesús: »¿Eres tú el rey de los judíos?- El le contestó: «Tú lo dices».

Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la turba: «No encuentro ninguna culpa en este hombre».

Ellos insistían con más fuerza, diciendo: «Solivianta al pueblo enseñando por toda Judea, desde Galilea hasta aquí».

Pilato, al oírlo, preguntó si era galileo; y al enterarse que era de la jurisdicción de Herodes, se lo remitió.

(Lc 23,1-6; cf Mt 27,1-2.11-25; Mc 15,1-14; Jn 18,28-40).

Reflexión

EL SENADO del pueblo, o sea, sumos sacerdotes y letrados, se levantaron y llevaron a Jesús a presencia de Pilato. Y se pusieron a acusarlo diciendo: «Hemos comprobado que éste anda amotinando a nuestra nación y oponiéndose a que se paguen tributos al César, y diciendo que él es el Mesías Rey».

CUANDO uno se detiene en la figura de Pilato, se sorprende de la veleidad del corazón. Por una parte, quiere ser justo, intenta defender a Jesús, se da cuenta de que las acusaciones que le hacen son falsas y están movidas por un odio irracional. Por otra, Pilato revela la falta de verdadero sentido de la justicia del hombre. Continuamente trata de evadirse de la sentencia.

Cuando Pilato debe pronunciar sentencia, insiste en la inocencia, pero en cuanto ve el tumulto del pueblo, su cobardía es más fuerte que su sentido de justicia. Al final, incluso, se atreve a apelar a la estratagema de compararlo con Barrabás.

Javier GARRIDO
Miraron al traspasado

 

Sexta Estación
Jesús es flagelado y coronado de espinas

ENTONCES, Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar. Y los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y le echaron por encima un manto color púrpura; y, acercándose a él, le decían: «¡Salve, rey de los judíos!». Y le daban bofetadas.

(Jn 19,1-3; cf Mt 27,26-30; Mc 15,16-19; Lc 23,25).

Reflexión

CRISTO, Hijo único del Padre sin principio,
que, inocente como eres, mueres hoy
por nosotros los culpables,
ten presente el valor de tu sangre
y borra el pecado del pueblo todo;
ya que por nosotros has querido
sufrir salivazos, oprobios, cadenas, golpes,
bofetadas y azotes,
la cruz, los clavos, la angustia, la muerte,
la lanza y por fin el sepulcro,
concede a estos pobres hombres
por los que has querido padecerlo,
la felicidad inefable del reino celeste.

Que los que postrados veneramos tu pasión,
lleguemos a gozar de tu resurrección
en el cielo.

Oración del viernes santo de la liturgia hispánica

 

Séptima Estación
Jesús es cargado con la cruz

ENTONCES Pilato se lo entregó para que lo crucificaran. Tomaron a Jesús, y Él, cargado con la cruz, salió al sitio llamado de la calavera (que en hebreo se dice Gólgota).

(Jn 19,16-17; cf Mt 27,31; Mc 15,22).

Reflexión

DOBLO mis rodillas ante aquel a quien toda rodilla se dobla, en el cielo, en la tierra, en el abismo, y reconozco mi culpa ante el Padre de los astros, ante el dueño de los espíritus, el que tiene poder lo mismo en la tierra que en el ciclo.

En cambio a ti, enemigo del género humano, te prohíbo el paso, a ti que rondas buscando a quién devorar. ¡Aleja de mi tus ardides, tus ocultas asechanzas! Porque conmigo está la Cruz del Señor al que siempre adoro.

¡La cruz es mi baluarte! ¡La cruz es mi camino y mi fuerza! ¡La cruz, una bandera inexpugnable! ¡La cruz es arma invencible! La cruz rechaza todo mal. La cruz hace huir las tinieblas. Gracias a ella emprenderé el camino hacia Dios.

¡La cruz es para mí la vida; la muerte para ti, enemigo mío!

Que la cruz de nuestro Señor sea mi orgullo, que su sangre me traiga la verdadera redención, que su resurrección me dé una fe firme y una esperanza segura de la resurrección de los fieles, que su gloriosa ascensión a los cielos me lleve con el deseo diariamente hacia ellos, que la venida del Espíritu Santo a nuestros corazones borre todas nuestras culpas pasadas. Amén.

SAN ODILÓN DE CLUNY
Oración a la cruz adorable

 

Octava Estación
Jesús es ayudado por el cirineo a llevar la cruz

MIENTRAS lo conducían, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y le cargaron la cruz para que la llevase detrás de Jesús.

(Lc 23,26; cf Mt 27,32-33; Mc 15,21).

Reflexión

SI ERES Simón Cirineo, coge tu Cruz y sigue a Cristo. Si estás crucificado con él como un ladrón, corno el Buen Ladrón confía en tu Dios. Si por ti y por tus pecados, Cristo fue tratado como un malhechor, lo fue para que tu llegaras a ser justo. Adora al que por ti fue crucificado e, incluso, si estás crucificado por tu culpa, saca provecho de tu mismo pecado y compra con la muerte su salvación. Entra en el paraíso con Jesús y descubre de qué bienes te habías privado. Contempla la hermosura de aquel lugar y deja que, fuera, quede muerto el murmurador con sus blasfemias.

Si eres José de Arirnatea, reclama el cuerpo de¡ Señor a quien lo crucificó, y haz tuya la expiación del mundo.

Si eres Nicodemo, el que de noche adoraba a Dios, ven a enterrar el cuerpo y úngelo con ungüentos.

Si eres una de las dos Marías, o Salomé o Juana, llora desde el amanecer; procura ser el primero en ver la piedra quitada, y verás también quizá a los ángeles, o incluso al mismo Jesús.

SAN GREGORIO DE NACIANZO
Sermón 45

 

Novena Estación
Jesús encuentra a las mujeres de Jerusalén

SEGUÍA a Jesús un gran gentío del pueblo y de mujeres, que se daban de golpes y lanzaban lamentos por él. Jesús se volvió hacia ellas y les dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos, porque mirad que llegará el día en que dirán: Dichosas las estériles y los vientres que no han dado a luz y los pechos que no han criado. entonces empezarán a decir a los montes: Desplomaos sobre nosotros. Ya las colinas: Sepultadnos; porque si así tratan al leño verde, ¿qué pasará con el seco?»

(Lc 23,27-31).

Reflexión

¿DÓNDE está la tristeza del que está crucificado?

¿Dónde el temor del que ha de morir?

La hora del suplicio no conturba al que ha de sufrir,
y, enseñando que no hay ninguna razón
para llorar por él,
invita a la penitencia por el anuncio del castigo.
Nada hay en mi, hijas de Jerusalén, dice,
que deba afligiros.
Llorad por vosotras.
Lamentaos por vuestros hijos.
Que esas lágrimas se derramen
sobre los retoños de vuestras entrañas.
Si hay que llorar,
no es por el salvador de los que creen,
sino por la impiedad de los que se pierden.
En cuanto a mí, sufro la cruz voluntariamente
y acepto para mí esta muerte que voy a vencer.
No lloréis por el que muere por la redención del mundo,
y que veréis venir a juzgar en la majestad del Padre.

SAN LEÓN MAGNO
Homilía 10 sobre la pasión del Señor

 

Décima Estación
Jesús es crucificado

Y LLEVARON a Jesús al Gólgota y le ofrecieron vino con mirra; pero él no la aceptó. Lo crucificaron y se repartieron sus ropas, echándolas a suerte, para ver lo que se llevaba cada uno.

Era media mañana cuando lo crucificaron. En el letrero de la acusación estaba escrito. «El Rey de los Judíos. Crucificaron con él a dos bandidos, uno a su derecha y otro a su izquierda; as! se cumplió la escritura que dice: «Lo consideraron como a un malhechora.

(Mc 15,22-28; ef Mt 27,34-39; Lc 23,33-38; Jn 19,18-22).

Reflexión

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido;
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me rnueves, Señor; muéveme el verte
clavado en esa cruz y escarnecido;
muéveme el ver tu cuerpo tan herido;
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muévame, al fin, tu amor, y en tal manera
que, aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y, aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera;
pues, aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero, te quisiera.

Anónimo español del siglo de oro

 

Undécima Estación
Jesús promete su reino al buen ladrón

UNO de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo: «¿No eres Tú el Meslas? Sálvate a ti mismo y a nosotros».
Pero el otro le increpaba diciendo: «¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibimos el pago de lo que hicimos; en cambio, éste, no ha faltado en nada».

Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino». Jesús le respondió: «Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso».

(Lc 23,39-43; cf Mt 27,44; Mc 15,32b).

Reflexión

EL BUEN ladrón reconoció al Señor, precisamente en la cruz. Algunos no lo reconocieron cuando hacía milagros, y él lo reconoció cuando estaba en la cruz . Tenía clavados todos sus miembros: las manos estaban sujetas con clavos, los pies habían sido taladrados, todo el cuerpo estaba adherido al madero; no queda miembro libre: sólo la lengua y el corazón - En su corazón creyó, con la lengua confesó su fe. Le dijo: «Acuérdate de mi cuando llegues a tu reino». Esperaba su salvación para el futuro y estaba contento de recibirla tras un largo plazo de tiempo. La esperaba para largo, pero el día no se hizo esperar. Él dijo: «Acuérdate de mí cuando llegues a tu reino», a lo que el Señor respondió: «Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso». El paraíso tiene árboles de felicidad: hoy estarás conmigo en el madero de la cruz; hoy también estarás conmigo en el árbol de la salvación.

SAN AGUSTÍN DE HIPONA
Enarración sobre el Salmo 39, 15

 

Duodécima Estación
Jesús en la cruz, su madre y el discípulo

JUNTO a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre María de Cleofás, y María la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo»,. Luego, dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre». Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.

(Jn 19,25-27).

Reflexión

EN VERDAD, Madre Santa, una espada atravesó tu alma. Era imposible que esta espada penetrara en la carne de tu Hijo sin atravesar tu alma. En efecto, cuando aquel Jesús -que es de todos y tuyo de un modo especialísimo- expiró, el hierro cruel abrió su costado, sin perdonarle aun después de muerto. A él ya no podía hacerle mal alguno, ni llegó a tocar su alma, pero sí atravesó la tuya. Su alma ya no estaba allí, la tuya, en cambio, no podía ser arrancada de aquel lugar. Sí, la punzada de dolor atravesó tu,alma, y con toda razón te llamamos más que mártir, ya que tus sentimientos de compasión superaron las sensaciones del dolor corporal.

SAN BERNARDO DE CLARAVAL
Homilía sobre la Asunción 1, 4

 

Décima tercera Estación
Jesús muere en la cruz

AL MEDIODÍA, toda la región quedó sumida en tinieblas hasta las tres. Y a las tres, gritó Jesús con fuerte voz: «Eloí, Eloí, lemá sabaktaní». Que quiere decir. «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Algunos de los presentes, decían al oírle.- «Mira, llama a Elías».

Uno fue corriendo a empapar una esponja en vinagre y, sujetándola en una caña, le ofrecía de beber, diciendo: «Dejadle, veamos si viene Elías a descolgarle».

Pero Jesús, lanzando un fuerte grito, expiró.

(Mc 15,33-37; cf Mt 27,50-56; Lc 23,44-49; Jn 19,28-30).

Reflexión

¡CÓMO desbordan amor tu cabeza calda,
tus manos extendidas,
tu pecho abierto en la cruz, oh Cristo!

¡Hijo de Dios, que viniste a rescatar a los descarriados,
a los ya rescatados no los condenes!

¡Escucha el clamor de los que te llaman
desde este valle de lágrimas, buen Jesús!

No tengas en cuenta la enormidad de los pecados;
a tu corazón herido lo pedimos,
Dios de clemencia

Antífona «O QUANTUM IN CRUCE».
Liturgia monástica

 

Décima Cuarta Estación
Jesús es colocado en el sepulcro

AL ANOCHECER, corno era el día de la preparación, víspera del sábado, vino José de Arimatea, noble magistrado, que también aguardaba el reino de Dios; se presentó decidido ante Pilato, y le pidió el cuerpo de Jesús. Pilato se extrañó de que hubiera muerto ya y, llamando al centurión, le preguntó si hacia mucho tiempo que había muerto. Informado por el centurión, concedió el cadáver a José. Este, compró una sábana y, bajando a Jesús, lo envolvió en la sábana y lo puso en el sepulcro, excavado en una roca, y rodó una piedra a la entrada del sepulcro. María Magdalena y María, la madre de José, observaban dónde lo ponían.

(Mc 15,42-47; cf Mt 27,57-66; Lc 23,50-56; Jn 19,38-42).

Reflexión

AL ATARDECER, en la hora de la calma, cometió Adán el gran pecado. También al atardecer quedó la falta redimida . Al atardecer vino de nuevo la paloma trayendo una rama de olivo en el pico. ¡Oh dulce momento, hora del atardecer! Nuestra paz está ahora con Dios asegurada, pues Jesús ha soportado su cruz. Su cuerpo descansa al fin. ¡Oh, alma amada, reclámalo! ¡Ven, tuyo es el cuerpo del Señor! ¡Oh, tesoro divino! ¡Oh, precioso regalo!

Purificate, corazón mio;
yo mismo quiero enterrar a Jesús,
pues de ahora en adelante,
debe tener su dulce paz en mi.

¡Mundo, me despido de ti
¡Jesús, desciende sobre mi!

Con lágrimas de dolor te dejarnos, amado Jesús.
Escucha la despedida de mi alma.
Descanse tu cuerpo cansado y herido.
Duerme en paz.

El alma cansada y desolada acudirá
en busca de calma y solitario abrigo.
¡Dulce sueño, acude a cerrar mis ojos!
Cristo bienamado, descansa,
duerme en paz en el seno del Padre.

JUAN SEBASTIÁN BACH
Pasión según san Mateo

 

REFLEJOS DE LUZ