SEGUIR A JESÚS

 

  

1. Ambientación

 

Todos buscamos en esta vida aquello que nos pueda hacer felices. Pero, desgraciadamente, no todos encuentran al que es la Felicidad. Son muchos los que se quedan en cosas que sólo ofrecen un disfrute esporádico; los que viven del goce instantáneo que no dura más allá del momento.

 

            Sin embargo, cuando ponemos nuestro corazón en Jesús, todo cambia. Cambió para los discípulos de Juan que, tras responder a la invitación de ver dónde vivía el Maestro, se quedaron con él. Cambió para el grupo de discípulos que dejaron todo lo que hasta ese momento más apreciaban (su trabajo, su familia...) con el fin de seguir a su futuro Señor. Cambió para los pecadores que fueron sanados y volvieron a sus hogares con el corazón convertido y lleno del amor. También durante muchos años ha cambiado la vida de muchas personas que se han encontrado con él y le han preguntado como el joven rico: «¿Qué tengo que hacer para alcanzar la vida eterna?».

 

            También nosotros, desde nuestra propia vida e historia, queremos acudir a Jesús para preguntarle qué quiere de nosotros, para responderle a lo que nos pida y para poner todo nuestro corazón en el Maestro, de forma que podamos gustar ya aquí la alegría del Reino.

 

2. Salmo en busca de Dios

 

¿Dónde encontrar al Señor?

¿Por dónde ir para seguir su pasos?

Su camino es el camino de la entrega sin límites;

su camino es el camino del amor sin límites;

su camino es el camino de la confianza sin límites;

su camino es el camino de la esperanza sin límites.

 

¿Dónde encontrar al Señor?

¿Quién podrá ver su rostro?

Lo verán los pobres de espíritu

que por no estar apegados a nada

escuchan con atención la voz de Dios.

Lo verán los de corazón manso,

aquellos que han construido la paz en su propia vida.

 

¿Dónde encontrar al Señor?

¿Quien podrá ver su rostro?

Lo verán los que tienen hambre y sed de justicia

y claman a Dios para que la paz reine en el mundo;

los que piden a su Señor que haga desaparecer tantas injusticias

y tantas muertes sin sentido.

Lo verán los que tienen misericordia del hermano,

los que tienen un corazón lleno de amor por los demás.

 

¿Dónde encontrar al Señor?

¿Quién podrá ver su rostro?

Lo verán los que predican con el ejemplo

antes que los que se dedican solamente a hablar;

los que construyen antes que los que destruyen;

los que trabajan por la paz antes que los que provocan la guerra.

 

Lo verán los que, a pesar de las amenazas, de los peligros...

no les importa gritar con voz fuerte la Verdad.

Lo verán los que por causa del evangelio

son perseguidos de forma abusiva.

Lo verán los que con fuerza y valentía

construyen el Reino de Dios aquí en la tierra.

 

¿Dónde encontrar al Señor?

¿Quién lo podrá descubrir?

Lo descubrirá quien busque en lo más íntimo de su persona;

quien mire a su interior buscando la Verdad.

Lo descubrirá quien busque la huella del Creador en su vida;

quien viva abierto a la trascendencia.

 

¿Dónde encontrar al Señor?

¿Quién lo podrá poseer?

Lo poseerá quien no lo utilice;

quien busque a Dios no por lo que pueda conseguir de él,

sino por Dios mismo, que es el premio.

Lo poseerá quien se deje poseer por el Señor;

quien se deje habitar por él.

 

¿Dónde encontrar al Señor?

¿Qué habrá que hacer?

Lo encontrará quien se deje hacer por él;

quien prepare en su corazón un lugar donde pueda habitar.

Lo encontrará quien ama a Dios gratis;

quien busca a Dios por amor.

 

¿Dónde encontrar al Señor?

¿En quién habitará nuestro Dios?

Nuestro Dios pondrá su morada

en aquel cuyas obras le alaben.

Nuestro Dios construirá su casa

en aquel que deja que su Señor tenga la iniciativa;

en aquel que para todo confía en Dios;

en aquel que antes de realizar cualquier proyecto

cuenta con nuestro Señor

porque sabe que sin él nada es viable.

 

¿Dónde encontrar al Señor?

¿Por dónde ir para seguir sus pasos?

¿Quién podrá ver su rostro?

¿Quién lo podrá descubrir?

¿Quién lo podrá poseer?

¿Qué habrá que hacer?

¿En quién habitará nuestro Dios?

 

 

Sólo quien le busca lo encontrará para seguir buscándole.

Sólo quien se pregunta podrá encontrar el camino.

Sólo quien viva el amor en su plenitud

contemplará el verdadero rostro de Dios.

Sólo lo poseerá aquel que se deje poseer por él.

Sólo lo alcanzará quien sea alcanzado por su gracia.

Sólo quien viva en tensión, en crecimiento, en maduración

será habitado por el Señor.

 

 

3. Lectura

 

Se ponía ya en camino cuando uno corrió a su encuentro y, arrodillándose ante él, le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué he de hacer para tener en herencia vida eterna?».

 

            Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. Ya sabes los mandamientos: No mates, no cometas adulterio, no robes, no levantes falso testimonio, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre».

 

            Él, entonces, le dijo: «Maestro, todo eso lo he guardado desde mi juventud».

 

            Jesús, fijando en él su mirada, le amó y le dijo: «Una cosa te falta: anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme». Pero él, abatido por estas palabras, se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes.

 

            Jesús, mirando a su alrededor, dice a sus discípulos: «¡Qué difícil es que los que tienen riquezas entren en el Reino de Dios!» Los discípulos quedaron sorprendidos al oírle estas palabras. Mas Jesús, tomando de nuevo la palabra, les dijo: «¡Hijos, qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de la aguja, a que un rico entre en el Reino de Dios». Pero ellos se asombraban aún más y se decían unos a otros: «Y, ¿quién se podrá salvar?». Jesús, mirándolos fijamente, dice: «Para los hombres, imposible; pero no para Dios, porque todo es posible para Dios».

 

Mc 10,17-27

 

 

4. Reflexión

 

Se presentaron a Jesús un grupo de jóvenes, entre quince y dieciséis años, todos ellos de muy buenas familias. Jesús iba de camino, y los jóvenes asistían a unas convivencias cristianas.

 

            Ellos le preguntaron: «Maestro, ¿qué tenemos que hacer para ser unas personas dignas y ganar el cielo?».

 

Jesús les respondió: «Ya sabéis los mandamientos...».

 

            «¡Claro que sí, Maestro! Los cumplimos desde que éramos niños... El 6.° y el 9.° nos resultan algo más difíciles, pero ya sabes lo que son hoy las ocasiones...; de todas maneras, nos confesamos a su debido tiempo».

 

           

 

Jesús, entonces, mirándoles a todos con cariño, uno a uno, y viendo el afán que tenían de agradarle, les dijo: «Una cosa os falta: me habéis encontrado a mí, y yo os llamo para que me sigáis. Pero haceos a la idea de que yo voy de camino, y que estáis demasiado cargados de cosas como para poder seguirme. Sin embargo, os daré algunas sugerencias para que podáis empezar el camino».

 

Y fue acercándose a cada uno personalmente.

 

            A unos cuantos les dijo: «Entra en un grupo cristiano y en él encontrarás fuerzas para seguirme». Y le respondían así: «No puedo: me coincide con la informática, el inglés, las lecciones de guitarra, los entrenamientos... Tengo que estudiar. Ya estuve en uno, y fue una chorrada...».

 

            A alguno que gastaba bastante dinero le invitó: «Da la mitad del dinero que gastas a la semana a quien lo necesita más que tú». Y la respuesta: «Tengo que alternar con los amigos. Ellos también me invitan, y no puedo quedar como un pobretón. Al fin y al cabo, ¡es mi dinero!».

 

            A otro «muy marchoso», que estaba todo el día con los auriculares puestos, le dijo: «Acostúmbrate al silencio. Así podrás oír la voz de quien te necesite». Pero él le respondió: «Tengo horror al silencio. Además, hay que vivir con ritmo. Me chiflan los "40 principales"».

 

            También hubo algunos a los que dijo: «Tú tienes madera de profeta, porque yo te la he dado: déjalo todo, incluso el matrimonio, y conságrate totalmente a trabajar por mi Reino». Y así fue la respuesta: «Señor, me han dicho que para ser un buen cristiano no hace falta ser cura o fraile. Además, ¿te has dado cuenta que muchos de ellos viven mejor que nadie? Por otra parte, cuesta tanto dejar la familia, mi independencia, poder divertirme a gusto...».

 

            Había alguno muy estudioso que no tenía tiempo tampoco para dedicarlo ni a los amigos, y a éste le dijo: «Conténtate, si es preciso, con menos nota: dedica una buena parte de tu tiempo para las personas y no sólo a los amigos, sino a compañeros y otras personas a quien puedas ayudar en algo, aunque no sea más que acompañarlas». «Pero, Señor -respondió-, sería humillante para mí sacar menos nota que la que puedo. ¿Y mi futuro? He de prepararme bien... No puedo defraudar a mis padres».

 

            Y así fue haciendo sugerencias que iban, todas ellas, más allá de los diez mandamientos, y que tenían que ver con la propia disponibilidad, o con el perdón, o con el trabajar por la paz, o con el compartir las cosas personales..., o con todas ellas a la vez.

 

            Y uno por uno, la mayoría se sentían contrariados al oír lo que Jesús les pedía, pues en realidad estaban muy llenos de sí mismos, y no querían cambiar. Así que terminaron la Convivencia y se fueron a casa igual que habían venido, pensando para sus adentros que ya hacían bastante...

 

Entonces Jesús, mirando a su alrededor, dijo a los que le seguían:

 

«QUE DIFICIL LES VA A SER A LOS RICOS ENTRAR EN EL REINO DE DIOS».

 

 

Antonio Botana

Convivencias cristianas para adolescentes, 154-155

 

 

 

 

 

5. Peticiones: «Quiero seguirte, Señor»

 

No siempre eres tú mi tesoro, Señor. No siempre te tengo en el centro de mi vida. sin embargo, quiero luchar para optar cada vez más por ti. Quiero descubrirte y tenerte como el único y más preciado tesoro de mi vida.

 

QUIERO SEGUIRTE, SEÑOR

 

No siempre eres tú mi Señor. Las riquezas, el tener, el consumo... me atraen demasiado y me acostumbran a lo cómodo, lo fácil. Sé que seguirte exige sacrificio, que dejarme llevar por esos señores me alejará irremediablemente de ti. Quiero ser libre y tenerte como único Señor.

 

QUIERO SEGUIRTE, SEÑOR

 

Las preocupaciones de la vida diaria me quitan mucho tiempo para dedicarme a ti. Prefiero los estudios, el trabajo, los momentos de diversión, de descanso... Los prefiero a estar un rato contigo. Pero he descubierto que mi única preocupación debes ser tú.

 

QUIERO SEGUIRTE, SEÑOR

 

Cuántas veces se me va la lengua, Señor. Cuántas veces critico y destruyo a las personas con el veneno de mis juicios. Quiero dejar la crítica y la condenación. Quiero salvar a las personas, quiero luchar por ellas, quiero amar en vez de condenar.

 

QUIERO SEGUIRTE, SENOR

 

Quiero seguirte por el camino que me pidas. Si deseas que forme una familia cristiana la formaré; si me pides que me consagre para seguirte más fielmente desde la vida religiosa, lo haré.

 

QUIERO SEGUIRTE, SEÑOR

 

Quiero amar, Señor. Quiero pensar en los demás. Quiero que los que me rodean se sientan queridos por mí y felices por lo que hago. Quiero sembrar felicidad por donde vaya.

 

QUIERO SEGUIRTE, SEÑOR

 

 

 

6. Oración: «Quiero seguirte»

 

Quiero seguirte, Señor, en medio de este mundo;

quiero seguirte en medio de tantas dificultades,

en medio de una sociedad que pasa cada vez más de ti;

en medio de tanta gente que, sin saberlo,

está hambrienta y necesitada

de algo que la llene de verdad.

 

 

 

 

Quiero seguirte, Señor,

porque sé que me necesitas para crear un mundo

en donde reine cada vez más la justicia, el amor y la paz;

un mundo donde todos

se puedan llamar algún día hermanos de verdad;

un mundo donde todos te reconozcan y se acerquen de nuevo a ti;

un mundo donde la única ley sea amarnos como tú nos amaste.

 

Hoy, Señor, quiero renovar mi opción por ti.

Quiero decirte que sigues siendo importante en mi vida,

que te necesito.

Quiero decirte que sin ti estaría perdido y desorientado

porque tú eres luz para mis ojos y calor para mi alma.

 

Sé, Señor, que tenerte en el centro de mi vida no es fácil,

que las dificultades afloraran sin yo buscarlas.

Algunas veces serán los que me rodean

que me invitarán a dejarte;

otras será mi pereza, mi comodidad, mi orgullo, mi «yo».

 

A pesar de todo, quiero lanzarme en el vacío,

quiero apostar por ti.

Porque sé que sólo quien apuesta en esta vida

es capaz de ganar algo;

porque sé que seguirte es hacer un ejercicio de confianza total

y yo estoy dispuesto a realizarlo,

porque tú no me vas a defraudar.

 

REFLEJOS DE LUZ