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La partitura, la Palabra de Dios
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“Con Dios sucede como con el sol y el fuego: cuando te alejas, te enfrías; cuando te acercas, te calientas”. (S. Ag. En. 91,6)
El Concilio Vaticano II afirma que "Desconocer la Escritura es desconocer a Cristo" (DV. 25). “Así pues, todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y embistieron contra aquella casa; pero ella no cayó, porque estaba cimentada sobre la roca. Y todo el que oiga estas palabras mías y no las ponga en práctica, será como el hombre insensato que edificó su casa sobre arena: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, embistieron contra aquella casa y cayó, y fue grande su ruina” (Mt. 11,24-27).
Agustín, tenía 19 años, había leído el Hortensio de Cicerón y se había realizado un cambio en su vida “comencé a levantarme para volver hacia ti” (S. Ag. Conf. III, 4,7). Se acerca a la Sagrada Escritura, pero reconoce que no está preparado para para su lectura, “y entonces me di cuenta de que era una cosa no hecha para los soberbios y muy superior a la capacidad de los niños; eran humildes en estilo, sublimes en contenido y llena de misterios” (Ibd. III, 5, 9)
El acercamiento a la Palabra de Dios, presupone la fe. Agustín en aquellos años buscaba, pero su fe era más pequeña que “un grano de mostaza”. Si él no aceptaba a Jesucristo como Dios y hombre, no podía aceptar su Palabra. Y anduvo a oscuras hasta que fue capaz de acercarse a la Sagrada Escritura desde la fe. Fue gracia de Dios, pero también efecto de su búsqueda incesante: “Tú habías asaetado nuestro corazón y llevábamos tus Palabras clavadas en las entrañas” (Ibd. IX, 2,3)
Y nosotros ¿Cómo nos acercamos a la Palabra de Dios?
Hoy se ha popularizado un camino o método para acercarse a la Palabra de Dios y penetrar mejor en su significado que es la lectura orante de la Biblia y que hunde sus raíces en lo que durante siglos se ha conocido como Lectio Divina.
No es algo nuevo. Ya Orígenes (s. III d.C.) utilizó esta expresión y a través de los siglos se ha utilizado, aumentando o restringido los pasos para llevarla a efecto. Resumiendo: la Lectio Divina se trata de una lectura que no se queda sólo en el sentido literal del texto, sino que busca su sentido espiritual. La Lectio Divina o lectura orante de la Palabra nos propone estos cuatro pasos esenciales:
· Lectura atenta y pausada del texto, tratando de comprenderlo y subrayando algo o haciendo eco de algo que nos haya impactado especialmente.
· Meditación: se trata de reflexionar, respondiendo a la siguiente pregunta ¿qué me dice a mí este texto en este momento de mi vida? Intentando descubrir lo que Dios a través de su Palabra quiere de mí.
· Oración: Una vez intuido lo que Dios quiere de mí, entrar en diálogo sincero con Aquel que me es cucha, sabe lo que necesito y deseo. Se trata de hacer oración la voluntad de Dios: dar gracias, pedir perdón o ayuda, interceder por otros… Dialogar con El con confianza, abandonarse en sus manos y abrir tu corazón a su presencia viva.
· Acción: Lo que he descubierto al leer, meditar, orar, llevarlo a la vida. Se trata de convertir en acción aquello que antes ha sido contemplación. La relación con Dios siempre me ha de llevar a la vida diaria, a mi situación existencial: aquí y ahora. Caminar y avanzar, pero sin olvidar que el que une lo diferente sólo puede ser Dios.
Lo sabemos, ahora sólo nos queda ponerlo en práctica, a nivel personal y grupal. Seguro que sentiremos la fuerza de la Palabra de Dios en nuestras vidas como Agustín la sintió.
Hna. Carmen Ramírez González_AM |
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