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Los instrumentos, la comunidad

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Seguimos con nuestras breves reflexiones. Hoy pensaremos algo sobre los instrumentos: la comunidad. ¿Qué decir de la comunidad? Se ha escrito tanto, hemos hablado tanto que las palabras ya casi sobran. La comunidad cristiana es don y tarea. Don, porque es el mismo Jesús el don, el que une y al mismo tiempo quien lo frece, tarea porque cada miembro tiene que trabajar para construir dicha comunidad.

 

No nos referimos aquí solamente a la  comunidad religiosa, a una comunidad agustiniana, nos referimos, también, a la comunidad familiar de padres e hijos, a las comunidades cristianas, a los grupos que, juntos, buscan al Señor. 

Algunos textos de San Agustín vienen  bien a nuestro propósito.

 

Nuestro ideal- dice San Agustín- es ser una orquesta para el Señor: En una orquesta hay muchos instrumentos diferentes. Pero todos están tan cuidadosamente afinados y entonados, que la audiencia oye sólo una melodía. Este ha de ser nuestro ideal: ser una orquesta para el Señor” ( Com. Sl.  150,7).

 

En una comunidad familiar, por ejemplo, el padre tiene su papel, la madre el suyo e igualmente los hijos. Son los diversos instrumentos de la orquesta. Igualmente en una  comunidad religiosa. Cada uno ha de desempañar su papel, ser instrumento afinado para contribuir a la belleza y armonía de una orquesta.

 

En una orquesta todos los instrumentos son importantes, San Agustín ve en los instrumentos musicales un símbolo de los santos que alaban a Dios: «Vosotros, santos, sed la trompeta, el arpa, la cítara las cuerdas y el órgano, los platillos sonoros, que emiten hermosos sonidos, es decir, que suenan armoniosamente. Vosotros sois todas estas cosas (Ibd.sl. 150) Si todos fuéramos  arpa o cítara o tambor no habría orquesta. Es la diferencia de los instrumentos lo que enriquece la orquesta y le da su belleza.

 

Pero, porque cada instrumento es diferente, cada miembro que forma una comunidad, necesita continuamente estar alerta para no desafinar y estar en sintonía con los demás. Esta armonía de que habla S. Agustín  lleva consigo la tarea personal de cada uno y el asumir  continuamente los conflictos que el vivir en común, por muy “comunidad de amor” que queramos formar, se generan en el acontecer diario.


“Vida común quiere decir “ordenada concordia”. Su orden consiste en no hacer mal a nadie y en hacer el bien a todos. Del cumplimiento de esta norma depende la paz doméstica, la ordenada concordia en el mandar y en el obedecer, si bien en la casa de Dios hasta los que mandan sirven (De civ. Dei 19,14)

 

La comunidad es cristiana no cuando carece de problemas sino cuando los afronta con espíritu evangélico. Es decir, cuando no asume actitudes fatalistas de resignación pasiva, cuando rechaza el comportamiento milagrero que espera soluciones fáciles, mágicas e inmediatas. Es inevitable que haya divergencias y, muchas veces, hasta discusiones y debates internos. Las discusiones son constructivas, con tal de que no degeneren en polémica y en lucha, sino que conduzcan a una clarificación, sin necesidad de que nadie experimente una pérdida de estima.

 

Son útiles además de inevitables, porque constituyen distintos modos de concretizar los valores. Lo importante es estar de acuerdo en los fines por qué estamos juntos, adónde queremos ir, qué es lo que buscamos. (Cfr. Alessandro Manenti “Vivir en comunidad, pags.29 y sig.)

 

Todos queremos que los instrumentos – los que componemos una comunidad, sea familiar o religiosa- suenen bien, todos deseamos vivir en armonía, en un ambiente donde nos respetemos, y donde seamos capaces de respetar las diferencias, los espacios, los derechos de los otros y buscar el bien común. Decirlo suena fácil, pero sabemos que tenemos dificultades para lograrlo, quizás porque siempre vemos el problema en el otro y no nos damos cuenta lo poco que estamos haciendo para lograrlo.

Dejemos los propósitos a largo plazo, el presente, el hoy, es lo único que tengo en mis manos.

 

Por la mañana, cuando nos despertamos,  podríamos decirnos a nosotros mismos:

“Sólo por hoy” perdonaré a todo aquel me ofendió.

“Sólo por hoy” sonreiré  a todo el que se acerque a mí.

“Solo por hoy” haré, al menos, una acción en favor de los otros.

“Sólo por hoy” intentaré vivir viendo lo positivo de las personas con las que me relaciono.

“Sólo por hoy” me alegraré con los que están alegres y sintonizaré con los que sufren.

“sólo por hoy” haré un hueco en mi vida para rezar a nuestro Padre Dios, especialmente  por aquellas personas que no me caen bien.

“Sólo por hoy” intentaré ver al Señor conduciendo mi vida y sintiendo su amor misericordioso que acepta toda mi realidad.

“Sólo por hoy” seré un “afinado instrumento” en manos del “director- Jesús- que, en sintonía con los demás instrumentos, ayude a que la orquesta suene armoniosamente.

 

¿Empezamos tú y yo hoy?

 

Hna. Carmen Ramírez González_AM

 

 

 
 

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