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El público, la Misión
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«Continuamente predicar, discutir, reprender, edificar, estar a disposición de todos, es una gran carga y un gran peso, una enorme fatiga» (S. Ag. Serm. 339, 4)
Agustín, una vez convertido, creyó que su misión estaba en la contemplación y en una vida retirada, sin embargó, llevado por el amor a los demás, dedicó gran parte de su vida a comunicar su fe a la gente sencilla desempeñando incansablemente una actividad generosa y pesada, que describe con estas palabras en uno de sus sermones: «Continuamente predicar, discutir, reprender, edificar, estar a disposición de todos, es una gran carga y un gran peso, una enorme fatiga» (Serm. 339, 4). Pero cargó con este peso, comprendiendo que precisamente así podía estar más cerca de Cristo y cumplir su misión.
Tarea y misión, dos palabras que, a veces, hemos usado, mezclado y sobre las que hemos discutido. ¿Cuál es la misión de un cristiano, sea consagrado o célibe? Hay una única misión, la que realizó Jesús y a la que nos llama, es la misión de anunciar la Buena Noticia, el Reino de Dios. Y esta misión la tenemos que realizar en todo momento y en cualquier tarea que realicemos. Tenemos que vivir el anuncio de la “Buena Noticia” dentro y fuera, en la acción y en la oración, en nuestro trabajo y en nuestro descanso.
Nuestra tarea puede cambiar y de hecho cambia, pero nuestra misión de anunciar a Jesús, la Buena Nueva, no puede cambiar, a no ser que dejemos de ser cristianos.
Vivimos en una sociedad indiferente, donde cualquier cosa vale, donde el relativismo impera. La gente no es feliz, porque faltan los valores fundamentales y, con frecuencia, se “pierde pie”. Nuestra sociedad necesita conocer y sobre todo vivir esta realidad fundamental: Dios es amor y el encuentro con él es la única respuesta a las inquietudes del corazón humano, porque Jesús nos enseña que la felicidad consiste en que, a pesar de nuestras debilidades, confiamos en Él y como limitados y pecadores que somos nos acogemos a su misericordia.
La persona de Jesús unifica y da sentido a la existencia humana. Si el cristianismo, como se dice en tantas ocasiones, es en primer lugar una Persona, y no una doctrina, nuestra tarea principal es conocerle a Él. El conocimiento es lo que abre camino en el corazón a todo lo demás: conocer a Jesús para amarle y seguirle. No es un conocimiento teórico y abstracto; es conocimiento concreto de sus dichos y hechos, de su vida, muerte y resurrección.
Sólo en Jesús, se realiza la unión entre la verdad y el amor, en la que se encuentra el sentido pleno de la vida. "Yo soy la luz del mundo: el que me sigue no camina en las tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida" (Jn 8,12).
Hna. Carmen Ramírez González_AM |
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