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El escenario, el mundo
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Nuestra vida se desarrolla en un escenario concreto “nuestro mundo”. A veces, suspiramos por vivir en otra situación, una situación ideal. Nos gustaría tener otra iglesia, otros políticos, otra juventud, otras leyes, otra vida religiosa. Nos quejamos sin pensar que en el hombre (en el mundo) hay más cosas dignas de admiración que de desprecio (A. Camus). El mundo en que vivió Agustín no era mucho mejor que el nuestro: “llegué a Cartago, - Agustín tenía entonces unos dieciocho años-, y a mi alrededor chirriaba por doquier aquella sartén de amores depravados” (Conf. III,1)
“Dios me libre de decir: “Más vale que no existiera nada de esto”- se refiere al mal- porque, aunque mi contemplación se limitara únicamente a estas cosas, no cabe duda que podía desear otras mejores, pero tendría que alabarte aunque sólo fuera por estas, porque evidencian que eres digno de alabanza en la tierra, los cetáceos y todos los abismos, el fuego, el granizo, el hielo, el viento huracanado que ejecuta tus mandatos, los montes y las colinas todas, los árboles frutales y todos los cedros, las fiera y todos los ganados, los reptiles y las aves aladas, los reyes de la tierra y todos los pueblos, los príncipes y todos los jueces de la tierra, los jóvenes y las jóvenes, los ancianos y los niños. Todos alaban tu nombre. (Conf. VII, 13, 19). ¡Cuántas cosas tenemos en nuestro mundo para alabar a Dios y darle gracias continuamente!.
Calderón de la Barca nos muestra en su obra “El gran teatro del mundo” una alegoría perfectamente hilvanada sobre la vida como teatro en el que el autor-Dios- deja a sus criaturas que hagan una mejor o peor actuación dentro de su papel: el rico, el pobre, el labrador, el rey, la hermosura, la discreción… Ante la queja del pobre “¿Por qué tengo de hacer yo el pobre en esta comedia? ¿Para mí ha de ser tragedia y para los otros no?”, el autor le contesta que lo importante no es el papel que les toque, sino que lo desempeñen bien. Igualmente cada uno de nosotros tenemos nuestro papel, Dios nos ha colocado en el escenario y lo importante es que lo desempeñemos bien. Ahí está nuestra responsabilidad y libertad.
El escenario donde representamos nuestra vida es complejo: el foso, el proscenio, las bambalinas… como nuestro mundo es complejo, pero, tal vez, por ello, inmensamente rico. Lo importante es que exista la armonía entre los distintos personajes, que no se logrará, si antes, cada personaje no ha logrado la armonía dentro de sí mismo. Podemos diferir unos de otros, y aún ser armoniosos. Podemos discrepar armoniosamente. Sin duda, el desacuerdo armonioso o la discordia es esencial para caminar y avanzar, pero sin olvidar que el que une lo diferente sólo puede ser Dios.
Hna. Carmen Ramírez González_AM |
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