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Las
estaciones del Vía Crucis
Estación I -
Jesús es condenado a muerte
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Al hacerse
el día, discutieron en consejo todos los grandes sacerdotes y los
ancianos del pueblo
sobre Jesús, le llevaron y le entregaron a Pilatos, el gobernador. (Mt
28,1-2.)
Entonces, él se lo
entregó para que lo crucificaran. (Jn 19,16.)
¿No comprendéis que conviene que muera un hombre por el pueblo, y no
perezca todo el
pueblo? (Jn 11,56)
Maltratado y afligido, no abrió la boca, como cordero llevado al
matadero, como oveja
muda ante los trasquiladores. (Is 53,7).
Fue arrebatado por un juicio inicuo, sin que nadie defendiera su
causa, cuando era arrancado
de la tierra de los vivientes y muerto por las
iniquidades de su pueblo. (Is 53,8.)
¿Qué te he hecho, pueblo
mío? ¿En qué te he contristado? Respóndeme. (Miq 6,3.)
En
efecto, los moradores de Jerusalén y sus príncipes le rechazaron y
condenaron, dando
así cumplimiento a las palabras de los profetas que se leen cada
sábado, y sin haber hallado ninguna
causa de su muerte, pidieron a
Pilatos que le quitase la vida. (Hch 13,27-28.)
Alzáronse contra mí testigos falsos para demandarme lo que ni sabía.
Volviéronme mal por
bien para abatir mi alma. (Sal 35,11.-12)
Pilatos volvió a decir: « Pues ¿qué haré con el que llamáis Rey de
los judíos?» Ellos
gritaron entonces: «¡Crucifícale!». Pilatos insistió: «¿ pues qué ha
hecho de malo?» Pero ellos
gritaron más fuerte : «¡ Crucifícale !» Pilatos,
queriendo satisfacer a la gente, les soltó a Barrabás,
y entregó a Jesús, después de
azotarle, para que le crucificaran. (Mc 15,12) |
Una gran adquisición de nuestros tiempos va
siendo la abolición de la pena de muerte. Aún queda
lejos el día del consenso universal. Muchas organizaciones matan. Hay
corredores de la muerte en el Norte y en el Sur, en
Oriente y en Occidente. Actualmente en nuestro mundo hay un centenar de
guerras, declaradas o no. Hay también cacería
humana, incluso de niños. La muerte más despiadada es sin duda la del
inocente. Ésta asumió Jesús, compartiendo sentencia con
dos ladrones. ¿Acuso, o hago causa común con los sentenciados?
Estación II -
Jesús carga con la cruz
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Y
tomando Abraham la leña para el holocausto, se la cargó a Isaac, su
hijo; tomó él en su
mano el fuego y el cuchillo y siguieron ambos juntos.
Dijo Isaac a Abraham, su padre: « Padre mío». « ¿Qué quieres, hijo
mío? », le contestó. Y él dijo: «Aquí llevamos el fuego y la leña,
pero la res para el
sacrificio, ¿dónde está? » Y Abraham le respondió: « Dios proveerá
de res para el
sacrificio, hijo mío ». Y siguieron juntos los dos. (Gén. 22,6-8)
Salté de júbilo el campo y todo cuanto hay en él, y salten
juntamente los árboles de la selva.
(Sal 96,12.)
Poned mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy dulce y
humilde de corazón. (Mt.
11,29.)
Pongamos garlitos al justo, que nos fastidia y se opone a nuestro
modo de obrar, y nos echa
en cara las infracciones de la Ley, y nos reprocha
nuestros extravíos. Pretende tener la ciencia de
Dios y llamarse hijo del Señor.
Es censor de nuestra conducta; hasta el verle nos es insoportable.
Probémosle con ultrajes y
tormentos, y veamos su resignación, y probemos su paciencia.
Condenémosle a muerte afrentosa, pues según dice, Dios le protegerá.
(Sab 2,12-14,19-20.)
Bendito
sea, pues, el leño de que se hace recto uso. (Sab 14,7.)
Pero fue él, ciertamente, quien tomó sobre sí nuestras enfermedades
y cargó con nuestros
dolores, y nosotros le tuvimos por castigado y
herido por Dios y humillado. Fue traspasado por
nuestras iniquidades y molido por
nuestros pecados. El castigo salvador pesó sobre él, y en sus
llagas hemos sido curados. Todos
nosotros andábamos errantes, como ovejas, siguiendo cada uno
su camino, y Dios cargó sobre él
la iniquidad de todos nosotros. (Is 53,4-6.) |
Según la tradición, Jesús era carpintero.
Conocía la amable utilidad de la madera. Había cargado
pesados troncos y alisados tablones para hacer puertas,
mesas. Sus manos eran fuertes, callosas. Estaría
lejos de imaginar que tan noble material pudiera utilizarse como
instrumento de tortura y muerte. Esta madera le
agobiaba, con el peso de todos los yugos y cadenas que los humanos
imponemos a los humanos.
Estación III -
Jesús cae por primera vez
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Levántate, ¿por qué te echas sobre tu rostro? Israel ha pecado y ha
llegado a traspasar mi
alianza, la que yo le he mandado guardar. (Jos
7,10-11.)
Ahora mi alma se ha turbado, y ¿qué diré?: ¡Padre, sálvame de esta
hora! Pero para eso he
llegado a esta hora. Padre, da gloria a tu nombre...
(Jn 12,27-28.)
Te encomendará a sus ángeles para que te guarden en todos tus
caminos. Y ellos te llevarán
en sus manos para que no tropieces en las piedras.
(Sal 91,11-12.)
Me
hizo caer en emboscadas, me despedazó, me asoló. Tendió su arco y me
puso por blanco de sus saetas. Clavó en mis lomos las fechas de su
aljaba. Soy el escarnio de los pueblos
todos, su cantinela de todo el
día. Me hartó de amarguras, me embriago de ajenjo. (Lam 3,11-15.)
Defiéndeme, Señor, de las manos del impío, protégeme de los hombres
violentos, que ponen
tropiezos a mi paso. Los soberbios, que me ponen
ocultos lazos, tienden sus redes junto al camino
y me ponen cepos para mí. (Sal
140,5-6).
Que tus saetas han penetrado en mí y pesa gravemente sobre mí tu
mano... Voy encorvado
y en gran manera humillado... Porque están mis
huesos abrasados, y no hay en mi carne parte
sana... Está lleno de congoja mi
corazón, me faltan las fuerzas, y aun la misma luz de mis ojos me
abandona. Mis amigos y mis
compañeros se alejan por mis llagas, y mis vecinos se quedan lejos.
Tiéndenme lazos los que buscan mi
vida y me amenazan los que desean mi ruina... Viven y son
fuertes mis enemigos y se
multiplican los que injustamente me odian; y los que vuelven mal por
bien me hostigan por seguir el
bien. (Sal 38,7-8,12-13,20-21.)
...lo
sé: mi redentor vive, y al fin se erguirá como fiador sobre el polvo.
(Job 19,25.) |
Las zancadillas abundan. Son burla y
humillación. De árbol caído todo son astillas. Jesús por los
suelos. ¿Dónde queda su gloria, el respeto amoroso que le
tuvo el pueblo el día de su entrada en Jerusalén? ¡Qué
grave delito resulta la deshonra que le inflige el poder!
Jesús quiso mirar desde el mismo suelo la humillación
humana.
Estación IV -
Jesús se encuentra con su madre
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...Mira, éste está puesto para caída y levantamiento de muchos de
Israel, y para signo a
contradecir, y a ti misma una espada te atravesará
el alma... (Lc 2,34-35.)
¿
Y adónde fue tu amado, oh tú, la más hermosa de las mujeres? ¿
Adónde fue tu amado,
que le busquemos contigo? (Cant 6,1.)
En
el lecho, entre sueños, por la noche, busqué al amado de mi alma,
busquéle y no lo
hallé. Me levanté y recorrí la ciudad, las calles y las plazas,
buscando al amado de mi alma.
Busquéle y no lo hallé. Encontráronme los guardias
que hacen la ronda en la ciudad: ¿habéis visto
al amado de mi alma? En cuanto de
ellos me aparté hallé al amado de mi alma. (Cant 3,1-4.)
...como
en lagar ha pisado el Señor a la virgen hija de Judá. (Lam 1,15)
¿Cómo
está, pues, rojo tu vestido y tus ropas como las de los que pisan en
lagar? (Is 63,2.)
¿A
quién te compararé, hija de Jerusalén? ¿Quién hallar semejante a ti
para poder
consolarte, virgen hija de Sión? Tu quebranto es grande como el mar.
¿Quién podrá curarte? (Lam
2,13.)
...Derramen mis ojos lágrimas de noche y de día sin cesar, pues la
virgen hija de mi pueblo
ha sido quebrantada con gran quebranto, herida de
gravísima plaga. (Jer 14,17.) |
Este encuentro, ¿sirvió de mutuo consuelo o
causó mayor dolor en ambos? Es frecuente hallar a
nuestro alrededor madres y padres que sufren por sus hijos. Algunas veces,
su pobreza extrema no les permite alimentarlos
debidamente. Otras veces, asisten en silencio a sus caminos extraños, no
soñados. Alguien debía acompañar las madres de
desaparecidos, de drogadictos, de moribundos. Este
encuentro es en realidad un gesto solidario con nuestras penas más íntimas.
¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de
tu vientre, Jesús!
Estación V -
El Cireneo ayuda a Jesús a llevar su cruz
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El
que quiera venir detrás de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz
todos los días, y
sígame. (Lc 9,23.)
Ayudaos
mutuamente a llevar vuestras cargas, y así cumpliréis la ley de
Cristo. (Gál 6,2.)
Pero ¿cómo
soportar yo, por mí solo vuestra carga, vuestro peso...?(Dt 1,12.)
...y completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo
por su cuerpo, que es la
Iglesia. Col 1,24.
Pues para esto fuisteis llamados, ya que también Cristo padeció por
vosotros y os dejó
ejemplo para que sigáis sus pasos. El, en quien no hubo pecado y en
cuya boca no se halló engaño,
ultrajado, no replicaba con injurias, y atormentado,
no amenazaba, sino que lo remitía al que juzga
con justicia. Llevó nuestros
pecados en su cuerpo sobre el madero, para que, muertos al pecado,
viviéramos para la justicia, y
por sus heridas hemos sido curados. (1Pe 2,21-24.)
Jesús les dijo: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que
yo voy a beber o ser
bautizados con el bautismo con que yo voy a ser
bautizado? »...«Podemos». Pero Jesús les dijo:
«Beberéis el cáliz que yo voy a
beber y seréis bautizados con el bautismo con que yo voy a ser
bautizado». (Mc 10,38-39.)
Porque nosotros solo somos cooperadores de Dios, y vosotros sois
arada de Dios,
edificación de Dios. (1Cor 3,9.) |
Tanto si se trataba sólo del travesaño, o
de la cruz entera, Jesús no podía con aquella carga
inmerecida. El castigo romano de los azotes podía acabar, ya de por sí,
con la vida de un hombre. Además acarreaba el
sobrepeso de la infamia y el dolor de la humanidad entera. Aún entonces,
Jesús no se dejó vencer en generosidad.
Estación VI -
La Verónica enjuga el rostro de Jesús
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...Ahora
vemos por un espejo obscuramente, entonces le veremos cara a
cara... (1Cor 13,12.)
Le has
bendecido con eterna bendición y le das a gozar la alegría de tu
rostro. (Sal 21,7.)
...Alza,
Señor, sobre nosotros tu serena faz. (Sal 4,7.)
Y
os digo de veras que donde se predique la Buena Noticia en todo el
mundo, se contará
también en su alabanza lo que ha hecho ésta. (Mc 14,9.)
Sube ante El como un retoño, como retoño de raíz en tierra árida. No
hay en El parecer,
no hay hermosura que atraiga las miradas, no hay en El belleza que
agrade. (Is 53,2.)
El
Señor me ha abierto los oídos, y yo no me resisto, no me echo atrás.
He dado mis
espaldas a los que me herían, y mis mejillas a los que me arrancaban
la barba. Y no escondí mi
rostro ante las injurias y los esputos. (Is 50,5-6.)
Como de él se pasmaron muchos, tan desfigurado estaba su rostro que
no parecía ser de
hombre. (Is 52,14.) |
La inexplicable Sábana de Turín muestra un
rostro de una serenidad sobrecogedora. En el siglo
IV se veneraba un rostro de Jesús en Constantinopla, según contaron los
peregrinos. Se trataba, decían, de la "Vera Icona"
de Cristo. ¿Existió esta mujer, "Verónica"? Cierto es que una mujer
le enjugó los pies y Jesús lo tomó como un símbolo de su
amortajamiento y aseguró que su gesto sería
recordado. Necesitamos vivir bajo la mirada de
alguien y podemos ayudar a vivir simplemente siendo mirada
para alguien. ¿Qué rostros
contemplo yo?
Estación
VII - Jesús cae por segunda vez
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¿Qué
has hecho?... La voz de la sangre de tu hermano está clamando a mí
desde la tierra. (Gén
4, 10.)
...Lavará
en vino sus vestidos, y en la sangre de las uvas su ropa. (Gén
49,2.)
No
es nuestro pontífice tal que no pueda compadecerse de nuestras
flaquezas, antes fue
tentado en todo a semejanza nuestra, fuera del
pecado. (Heb 4,15.)
Despreciado, deshecho de los hombres, varón de dolores, conocedor de
todos los
quebrantos, ante quien se vuelve el rostro, menospreciado, estimado
en nada. (Is 53,3.)
Pues soy un mísero desvalido y mi corazón está herido en mi pecho.
Voy desapareciendo
como sombra que se alarga, soy sacudido como la langosta; mis
rodillas están debilitadas por el
ayuno, y mi carne enflaquecida desfallece. Sal
109,22-24.
Cuando ibas, ¡oh Dios!, a la cabeza de tu pueblo, cuando avanzabas
por el desierto. Tembló
la tierra y se deshicieron los cielos ante Tí...
Bendito sea todos los días el Señor. Él lleva nuestra
carga, el Dios de nuestra
salvación. Dios es Dios nuestro para salvarnos y es quien tiene en
su mano las
evasiones de la muerte... Aparece tu cortejo, Señor, el cortejo de
mi Dios, de mi Rey,
en el santuario. (Sal 58,8-9,20-21,25.)
...Y empezando a sentir terror y angustia, les dijo: «Triste está mi
alma hasta morir...» (Mc
14,33-34.) |
¡Qué vergüenza, Jesús, y cuánto
desvalimiento en medio del gentío! La muchedumbre está en la
calle repleta de corderos para el sacrificio pascual. Las
familias y los peregrinos se han reunido para
celebrar la mayor fiesta del año. Todo, en recuerdo de una liberación
repetida en la historia. Pero la liberación
realizada por Jesús, verdadero cordero pascual, fue más radical. Nos
libera del miedo a morir y, por ende, mata el
pecado inductor de muerte. Cayó Luther King, cayó
Mahatma Gandhi, cayó Óscar Romero, cayó Maximiliano Kolbe... ¡A
cuántos han liberado con sus muertes! Fueron testigos
adecuados del camino de Jesús.
Estación
VIII - Las mujeres de Jerusalén lloran por Jesús
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Mujeres descuidadas, oíd mi voz; mujeres confiadas, escuchad mis
palabras. Dentro de un
año y unos días habréis de temblar, ¡oh confiadas!,
porque no habrá vendimias ni cosechas. (Is 22,9-10.)
Por eso, pues, ahora, dice el Señor, convertios a mí de todo corazón,
en ayuno, en llanto,
y en gemido. (Jl 2,12.)
...¿No es de la voluntad del Altísimo de donde proceden los males y
los bienes? ¿Por qué,
pues, ha de lamentarse el viviente? Laméntese más
bien cada uno de sus pecados... (Lam 3,38-39.)
Despierta, despierta, levántate, Jerusalén, tú que has bebido de la
mano del Señor el cáliz
de su ira; tú que has apurado hasta las heces el
cáliz que aturde. (Is 51,17.)
Así dice el Señor: cese tu voz de gemir, tus ojos de llorar. Tendrán
remedio tus penas. (Jer
31,16.)
Vuelto a ellas Jesús, dijo: Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí:
llorad más bien por
vosotras y por vuestros hijos, porque veréis llegar
días en que diréis: «Felices las estériles y las
entrañas que no tuvieron hijos,
los pechos que no criaron». Entonces se empezará a decir a las
montañas: «Caed sobre nosotros»,
y a los cerros: «Cubridnos», porque si con el tronco verde han
hecho esto, ¿qué ocurrida con el
seco? (Lc 33,28-32.)
Yo
soy la verdadera vid y mi padre el viñador. Todo sarmiento en mí que
no dé fruto, lo
quitará, y todo el que dé fruto lo limpiará, para que dé más fruto.
Vosotros habéis sido limpiados
por la palabra que os he dicho: Quedaos en mí y yo
en vosotros. Y como el sarmiento no puede
dar fruto por sí mismo, si no
sigue en la vid, así tampoco vosotros si no os quedáis en mí. Yo soy
la vid, vosotros los sarmientos.
(Jn 15,1-5.)
El
espíritu del Señor descansa sobre mí, pues Él me ha ungido. Y me ha
enviado para
predicar la buena nueva a los abatidos, y sanar a los de quebrantado
corazón; para anunciar la
libertad a los cautivos y la liberación a los
encarcelados. Para publicar el año de la remisión de
Yahvé y el día de la venganza de
nuestro Dios. (Is 61,1-2.) |
Ni siquiera en su triste estado deja
Jesús de preocuparse por los demás. Comprende el gesto
compasivo de aquellas mujeres, pero le horroriza el
destino sufriente del pueblo de Israel, tal como
luego ha mostrado la historia. A los pocos años de su muerte, el Templo
será destruido y la ciudad pasada a cuchillo. Un
éxodo continuo, persecución, destierro. Más adelante, el holocausto.
Como cristianos jamás debiéramos participar en un
enfrentamiento religioso o étnico. Al revés,
conviene sumarnos a la petición de perdón
que el Papa ha propuesto a toda la Iglesia.
Estación
IX - Jesús cae por tercera vez
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Voy a
levantarme, dice el Señor, voy a alzarme, voy a subir. (Is 33, 10.)
Sácame del lodo, no me sumerja; líbrame de los que me aborrecen, de
lo profundo de las
aguas; no me anegue el ímpetu de las aguas, no me trague la hondura,
no cierre el pozo su boca
sobre mí. Óyeme, Yahvé, que es benigna tu
misericordia, mírame según la muchedumbre de tus
piedades, no escondas de tu
siervo tu rostro; porque estoy en angustia, apresúrate a oírme. (Sal
69,15-18.)
Ciertamente en mí se acongoja mi alma, pero tú conoces todos mis
caminos y que en la
senda por donde voy me han escondido una trampa. Si
miro a la derecha, veo que no hay quien
me mire con benevolencia, no
tengo escape, no hay quien vuelva por mi vida. (Sal 142,4-5.)
Persigue el enemigo a mi alma; y ha postrado en tierra mi vida y me
ha puesto en las
tinieblas, como a los muertos de mucho ha. Por eso está mi alma
acongojada y desfallece mi
corazón. Y abro a ti mis manos y mi alma, como
tierra sedienta de ti. Apresúrate a oírme, ¡oh
Yahvé!, que ya desmaya mi alma.
No me ocultes tu rostro, sería semejante a los caídos en la fosa. (al
143,3-4. 6-7)
...cayó con la cara en la tierra rezando: Padre mío, si es posible,
que se aparte de mí este
cáliz. Pero no sea lo que yo quiero, sino lo que
quieras Tú. (Mt 26,39.)
Cayó de
nuestra cabeza la corona. ¡Ay de nosotros que pecamos! (Lam 5,16.)
Ha
cerrado mis caminos, y no tengo salida; ha llenado de tinieblas mis
senderos. Me ha
despojado de mi gloria, arrancó de mi cabeza la corona. Me ha
demolido del todo, y perezco;
descuajó como árbol mi esperanza. Encendióse contra
mí su cólera y me contó entre sus enemigos. (Job
19,8-11.) |
Sólo una horas antes el piquete de soldados
romanos y de guardianes del templo habían caído por
tierra al presentarse Jesús con su majestuoso "Yo soy". Jesús es la luz,
el bello o buen pastor, el agua de vida, el pan, la
palabra, el Hijo amado. Incluso Judas retrocedió. Al fin, se entregó
voluntariamente, a condición de que dejaran libres a sus
discípulos. El fiel seguidor de Jesús siente la
liberación de los enemigos, al considerar la sustitución de Jesús
para permitirle escapar.
Estación X - Jesús es
despojado de sus vestiduras
|
Como desnudo salió del seno de su madre,desnudo se tornará, yéndose
como vino, y nada
podrá tomar de sus fatigas para llevárselo consigo. (Ecl 5,14.)
Desde la planta de los pies hasta la cabeza, no hay en él nada sano.
Heridas, hinchazones,
llagas podridas, ni curadas, ni vendadas, ni
suavizadas con aceite. (Is 1,6.)
Y
del vestir ¿qué os preocupáis? Mirad los lirios del campo como
crecen: no hilan ni tejen.
Pero os digo que ni Salomón en todo su esplendor se
vistió como uno de ellos. (Mt 6,28-29.)
Tomaron la túnica talar de José, y matando un macho cabrío la
empaparon en la sangre, la
cogieron y se la llevaron a su padre diciendo: «Esto
hemos encontrado; mira a ver si es o no la
túnica de tu hijo». (Gén
37,31-32.)
Verdad que yo soy un gusano, no un hombre; el oprobio de los hombres
y el desprecio del pueblo... Pero ellos me miran, me contemplan con
gozo. Se han repartido mis vestidos y echan
suerte sobre mi túnica. (Sal
22,7,18-19.)
Dejando, pues, vuestra antigua conducta, despojaos del hombre viejo,
viciado por la
corrupción del error; renovaos en vuestro espíritu y vestios del
hombre nuevo, creado según Dios
en justicia y santidad verdaderas. (Ef 4,22-23.)
Y yo me gozaré en el Señor, y mi alma saltará de júbilo en mi Dios,
porque me vistió de
vestiduras de salud y me envolvió en manto de
justicia, como esposo que se ciñe la frente con
diadema y como esposa que se
adorna de sus joyas. (Is 61,10.) |
Todo lo creado llegó a la existencia por la Palabra y Jesús
es despojado. El Padre había puesto
todo en sus manos y, sin embargo, él mismo se había
desnudado para lavar los pies de sus discípulos.
Nadie le quita la vida; la da. Se reparten sus vestidos en presencia de su
madre, la que le envolvió en pañales en Belén.
Despojo, vergüenza, dolor. Y la humanidad sigue desnudando a
inocentes.
¿De qué me revisto yo para aparentar lo que no soy? Por mí,
Jesús se dejó desnudar.
Estación XI -
Jesús es crucificado
|
Estaba junto a la cruz de Jesús su Madre, y la hermana de su Madre,
María la de Cleofás,
y María la Magdalena. Jesús viendo a su Madre y a su
lado al discípulo amado, dijo a su Madre: «Mujer, ahí tienes a tu
hijo». Luego dijo al discípulo: «ahí tienes a tu Madre» y desde esa
hora el discípulo
la recibió en su casa. (Jn 19,25-27.)
Ahora
va a ser juzgado el mundo; ahora el príncipe de este mundo va a ser
lanzado fuera. (Jn 12,31.)
Y
cuando llegaron al sitio que llaman «la calavera», allí le
crucificaron, y también a los
criminales, uno a la derecha y otro a la izquierda.
Jesús dijo: «Padre perdónales porque no saben
lo que hacen». Y repartieron sus
ropas echando a suertes. (Lc 23,33.-34)
Seco está como un tejón mi paladar, mi lengua está pegada a las
fauces, y me has echado
al polvo de la muerte. Me rodean como perros, me
cerca una turba de malvados, han taladrado mis
manos y mis pies. (Sal 22,16-17.)
¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que
anuncia la paz... que
pregona la salvación diciendo a Sión: reina tu Dios!
(Is 52,7.)
...alzarán sus ojos a mí; y a aquel a quien traspasaron, le llorarán
como se llora al
unigénito, y se lamentarán por él como se lamenta por el primogénito...
Y le dirán: Pues entonces,
¿qué heridas son esas que llevas en tu pecho? Y él
responderá: Son heridas que me hicieron en la
casa de los que me aman. (Zac
12,10; 13,6.)
Por eso yo le daré por parte suya muchedumbres, y recibirá
muchedumbres por botín, por
haberse entregado a la muerte, y haber sido contado
entre los pecadores, cuando llevaba sobre sí
los pecados de todos, e
intercedía por los pecadores. (Is 53,12.)
|
Hasta hace poco las penas capitales eran
espectáculo público para escarmiento del resto de la
población. Actualmente la sensibilidad parece prohibir
tales exhibiciones. Pero el golpeteo de los
martillazos nos trasladan a las repetidas imágenes televisivas de los
bombardeos sistemáticos de que son capaces los
occidentales. Asistimos a la lluvia de mísiles sobre Líbano, Afganistán,
Chechenia, Belgrado, Kosovo, Libia, Sarajevo. La humanidad
sangra por múltiples heridas. Se desdibuja la
imagen de Dios que hay en cada ser humano, tanto en la víctima como en el
agresor. Tomás deseó introducir los dedos en las
llagas y, la mano, en la herida del costado. ¡Qué
maravillas salieron de las
manos de Jesús! A nosotros se nos han dado también unas manos...
Estación XII -
Jesús muere en la cruz
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La
res será sin defecto, macho, primal, cordero o cabrito. Lo
reservaréis hasta el día catorce
de este mes, y todo Israel lo inmolará entre dos
luces. Tomarán de su sangre y untarán los postes
y el dintel de la casa donde se
coma. (Ex 12,5-7.)
Así dice el Señor: También yo tomaré del cogollo del cedro, y del
del principal de sus
renuevos cortaré un tallo y lo plantaré en el monte
alto y sublime, en el alto monte de Sión le
plantaré; y echará ramas y dará
fruto, haciéndose un magnífico cedro y se acogerán a él todas las
aves del cielo, y habitarán a la
sombra de sus ramas. (Ez 17,22-23.)
Ponme como sello sobre tu corazón, ponme en tu brazo como sello. Que
es fuerte el amor
como la muerte. No pueden las aguas copiosas extinguirlo ni
arrastrarlo los ríos. (Cant 8,6-7.)
Yahvé dijo a Moisés: «Hazte una serpiente de bronce y ponla sobre un
asta y cuantos
mordidos la miren, sanarán». Hizo, pues, Moisés una serpiente de
bronce, y la puso sobre un asta;
y cuando alguno era mordido por una serpiente,
miraba a la serpiente de bronce y se curaba. (Núm
21,8-9.)
...su cadáver no quedará en el madero durante la noche, no dejarás
de enterrarle en el día
mismo, porque el ahorcado es maldición de Dios, y no
has de manchar la tierra que tu Dios te da
en heredad. (Dt 21,23.)
En
aquel día el renuevo de la raíz de Jesé se alzará como estandarte
para los pueblos. Y lo
buscarán las gentes y será gloriosa su morada. (Is
11,10.) |
Todos tememos perder. Según Pablo, el temor
a morir es causa del pecado, y éste, del propio
morir. Con tal de sobrevivir, no nos detiene el deterioro de nuestro
entorno ni la apropiación indebida de los bienes y
de la dignidad de los demás. Jesús le dio la vuelta: quien da su vida por
los demás, la salva. El Amigo, muerto, le ha quitado
mordiente a la muerte. ¿Dónde queda su victoria,
dónde su señorío? Tras Jesús miles de personas han antepuesto el hermano a
la propia vida. Basta recordar a Rutilio Grande, o
a Joan Alsina, a Lucho Espinal, Maximiliano Kolbe,
Luther King, Mahatma Gandhi,
Ignacio Ellacuría, por citar algunos.
Estación
XIII - Jesús es bajado de la cruz
|
Pero Cristo,
constituido Pontífice de los bienes futuros, entró una vez para
siempre en un
tabernáculo mejor y más perfecto, no hecho por manos de hombres,
esto es, no es de creación; ni
por la sangre de los machos cabríos y de los
becerros, sino por su propia sangre entró una vez en
el santuario, realizada la
redención eterna. (Heb 9,11-12.)
¿Quién es ésta que sube
del desierto apoyada sobre su amado? (Cant 7,5.)
Admirable sobre
toda ponderación y digna de eterna memoria se mostró la madre. (2
Mac 7,20.)
¡Oh vosotros
cuantos por aquí pasáis: mirad y ved si hay dolor comparable a mi
dolor, al dolor con
que yo estoy atormentada! Afligióme Dios en el día de su ardiente
cólera. (Lam 1,12.)
Vi en medio del
trono y de los cuatro vivientes, y en medio de los ancianos, un
Cordero que estaba
en pie como degollado... (Ap 5,6.)
...Tú, orgullo
de Jerusalén; tú, gloria de Israel; tú, honra de nuestra nación; por
tu mano has hecho
todo esto; tú has realizado esta hazaña en favor de Israel. Que se
complazca Dios en ella.
Bendito seas del Señor omnipotente por siempre jamás...
(Jdt 15,9-10.) |
A Jesús se le rompió el corazón al
encontrarse en Naín con una viuda que iba a enterrar a su único
hijo. ¿Vio, sin ver, a su madre acogiéndole en su regazo?.
Miguel Ángel, ya de joven, sintió la densidad del
momento, según plasmó repetidamente en sus diversas "Pietà". Reclama
respeto, piedad profunda, ante la madre que
sostiene el Hijo amado de Dios, convertido en puro desgarro
por nosotros. En Belén le arropó con pañales, aquí le
abriga con su cuerpo. Se han colmado los dolores
vaticinados por Simeón en el Templo. Jesús la
convierte en primera cosechadora del fruto del grano de trigo muerto. Es
la madre y
maestra de la Iglesia. ¿Agradezco su presencia, fiel suplente de mis
ausencias?
Estación
XIV - Jesús es sepultado
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Estáis
muertos y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. (Col 3,
3.)
...No dejarás tú mi alma en el sepulcro, ni dejarás que tu santo
experimente la corrupción. (Sal
16,10.)
¡Oh Señor, has sacado mi alma del sepulcro, me has llamado a la vida
de entre los que
bajan a la losa...! (Sal 30,4.)
Alzad, ¡oh puertas!, vuestras frentes; alzaos más, ¡oh antiguas
entradas! que va a entrar el
rey de la gloria. (Sal 24,7.)
Consolad, consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios; animad a
Jerusalén y gritadle que se
acabó su servidumbre, y han sido expiados sus
pecados y que ha recibido de manos de Yahvé el
doble de todos sus crímenes. (Is
40,1-2.)
Con él hemos sido sepultados por el bautismo para participar en su
muerte, para que como
El resucitó de entre los muertos por la gloria del
Padre, así también nosotros vivamos una vida
nueva. (Rom 6,4.)
En
paz de duermo luego cuando me acuesto, porque tú, Señor, a mí,
desolado, me das
seguridad. (Sal 4,9.) |
La muerte de Jesús envalentona a los
tímidos. El rico José de Arimatea pide el cadáver a Pilatos,
Nicodemo aporta los perfumes, cien libras. Dice san Mateo
enigmáticamente que se abrieron las tumbas de los
santos. Quizás significa la vida nueva que mana de la solidaridad de Jesús
con nuestra mayor prueba. Este efecto se sigue
produciendo en la medida que la contemplación de la
Pasión fortalece la radicalidad del quehacer cristiano.
Las mujeres se fijaron en todos los detalles y decidieron
volver después de la fiesta. Se desea la
recuperación del papel de la mujer en la Iglesia. Cuidaron de su Cuerpo,
anunciaron la
resurrección.
Estación XV -
La Resurrección de Jesús
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El
primer día de la semana va María Magdalena de madrugada al sepulcro
cuando todavía
estaba oscuro, y ve la piedra quitada del sepulcro. Echa a correr y
llega donde Simón Pedro y
donde el otro discípulo a quien Jesús quería y les
dice: «Se han llevado del sepulcro al Señor, y no
sabemos dónde le han puesto.» (Jn
20,1-2.)
Israelitas, escuchad estas palabras: A Jesús, el Nazareno, hombre
acreditado por Dios entre
vosotros con milagros, prodigios y señales que Dios
hizo por su medio entre vosotros, como
vosotros mismos sabéis, a éste
que fue entregado según el determinado designio y previo
conocimiento de Dios, vosotros le
matasteis clavándole en la cruz por mano de los impíos. (Hec
2,22-24.)
Tened entre vosotros los mismos sentimentos que Cristo: haciéndose
semejante a los
hombres y apareciendo en su porte como hombre, se humilló a sí mismo.
Obedeciendo hasta la
muerte y muerte de cruz. Por lo cual Dios le exaltó
y le otorgó el Nombre que está sobre todo
nombre. (Fil 2,6-9.)
Por eso le daré su parte entre los grandes. Y con poderosos
repartirá despojos, ya que
indefenso se entregó a la muerte y con los rebeldes
fue contado, cuando él llevó el pecado de
muchos e intercedió por los
rebeldes. (Is 53,12.) |
Donde abundó el pecado, sobreabundó la
gracia. ¡Aleluya! Dios Padre ama tanto al mundo que nos
devuelve a su Hijo. San Pablo saca como consecuencia que
nada, ni la muerte, nos puede separar del amor de
Dios manifestado en Cristo Jesús. Emerge, en la fe, una vida nueva: la de
Jesús, en primer lugar, y seguidamente, la de todos
los que, a imitación suya, se entregan al Padre y a los
hermanos. María, alégrate, aleluya.
El que mereciste llevar en tu seno, ha resucitado, aleluya.
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