|
|
La vocación fundamental del hombre es la vocación a la vida, una vida concebida como semejanza de la vida de Dios. Descubrir a Dios Padre como creador provoca el conocimiento de que la vida es una entrega a la libertad del hombre, llamado a dar respuesta personalísima y original, responsable y llena de gratitud. Dios me ha llamado de la nada. Entre los miles de millones de seres posibles, Él me ha elegido y me ha llamado a mí. Mi vida está constituida por esa llamada. Mi vida continúa porque Él continúa llamándome impidiendo que vuelva a caer en el silencio de la nada del que fui sacado. Mi existencia es fruto del amor creador de Dios, de su palabra creadora. Vengo a la vida porque soy amado, pensado y querido por una Voluntad que nos ha preferido a la no-existencia, que nos ha amado antes de que fuésemos. UNA VOZ QUE ME LLAMA Mi vida es una Voz que me llama, la Voz potente de Aquél a quien se debe todo lo que existe; mi vida es una respuesta obligatoria a esa Voz que me está llamando. En la existencia de algunos hombres la llamada de Dios se ha dejado realmente sentir con la inmediatez concreta de una voz humana, suscitando la sorpresa o el sobresalto que experimentamos cuando nos sentirnos llamar de improviso por nuestro nombre. Esto es, pues, lo que anima la concepción cristiana de la vida: que la vida es vocación, que la vida es llamada. Y el sentido de las cosas y de las circunstancias consiste en que son como palabras en las que se articula el sonido de esa voz inefable. FIARSE La vocación es lo que explica, en la raíz, el misterio de la vida del hombre, misterio de predilección y gratuidad absoluta. De hecho, existe una criatura en la que el diálogo entre la libertad de Dios y la libertad del hombre se realiza de modo perfecto, de manera que las dos libertades puedan actuar realizando plenamente el proyecto vocacional. Una criatura que nos ha sido dada para que en ella podamos contemplar un perfecto designio vocacional, el que debería cumplirse en cada uno de nosotros. María es la imagen de la elección divina de toda criatura, elección que va más allá de lo que la criatura puede desear para sí: que le pide lo imposible y le exige sólo una cosa: fiarse. Ella es modelo de la
libertad humana en la respuesta a esta elección. Libre para pronunciar su
sí, libre para encaminarse por la larga peregrinación de la fe. UN LUGAR: CRISTO
Estamos llamados a vivir y ser en Cristo. El hombre es vocación a Cristo, por lo mismo, vocación a la Iglesia, conjunto de los que forman el Cristo actual. Si, pues, todo ser humano tiene su propia vocación desde el momento de su nacimiento, existen en la Iglesia y en el mundo diversas vocaciones que manifiestan la imagen divina impresa en el hombre. "La Iglesia particular es como un jardín florido, con gran variedad de dones y carismas, funciones y ministerios. De aquí la importancia del testimonio de la comunión entre ellos, abandonando todo espíritu de competencia". Conoce cada una de las distintas vocaciones eclesiales
EL MATRIMONIO SACRAMENTO DEL AMOR DE DIOS Dios es amor y se siente impulsado a dar el ser, la vida, a otros seres a quienes amar y por quienes ser amado. Dios crea así al ser humano, a su imagen y semejanza. La pareja humana es la imagen de Dios. El amor humano es la imagen y semejanza del amor de Dios. Por eso el ser humano lleva marcado hasta en su cuerpo, por el sexo, por su condición de ser para otro, de estar creado para el amor. El hombre es para la mujer; en su cuerpo lo lleva. La mujer es para el hombre. El hombre no puede encontrar en sí mismo el principio de su realización de su plenitud. Cuando se da, cuando ama, cuando "es para", entonces lo consigue. Tanto más plenamente será él cuanto más total sea su donación. El hombre o mujer
consagrados viven en otra dimensión su "ser para". En una dimensión de
universalidad: es para todos especialmente para los más desasistidos; es
para Dios. Esta dimensión del consagrado recuerda a los esposos dos cosas: Desde el principio el amor
de pareja fue un signo del amor de Dios a los hombres. Era una realidad de
la creación que hablaba de Dios. Por todo el Antiguo Testamento vemos como
los profetas se sirven de esta realidad natural para hacernos entender que
es un Dios que nos ama. EL MATRIMONIO COMO VOCACIÓN Hemos restringido
excesivamente en su uso el término vocación. Cuando se dice de alguien que
tiene vocación, entendemos será religiosa, religioso o sacerdote. Esta llamada universal a
todos se concreta en dos grandes llamadas, dos modos de ser cristiano en
seguimiento de Jesús, dos grandes vocaciones en las que se resume la vida
cristiana:
Así
la vocación matrimonial es una llamada de Dios en la que podemos distinguir
las siguientes notas:
El sacerdote, antes que nada, es una persona elegida por Cristo para que su acción salvadora llegue a todos. Por tanto el sacerdocio es un don de Jesucristo a toda la Iglesia. Jesús mismo es quien llama desde las circunstancias ordinarias de la vida, sin buscar cualidades extraordinarias, así lo vemos en el Evangelio: "No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido a vosotros" Hoy, como entonces, como siempre, Dios también llama a hombres en su vida concreta, en sus circunstancias actuales y les hace la misma invitación que a los discípulos: "venid conmigo y os haré pescadores de hombres". Hoy, como entonces, como siempre, hay hombres que responden libremente a la llamada de Dios y dejándolo todo le siguen y consagran su vida a ser "pescadores de hombres", esto es, a llevar el evangelio de Cristo y el amor de Dios a todos los hombres en cualquier situación y en cualquier lugar. La llamada de Cristo hace que, más allá de las debilidades y pecados del sacerdote, éste pueda cumplir con su misión en medio de la Iglesia. UNA LLAMADA AL SERVICIO De entre los discípulos Jesús escoge a doce, a los que llamó apóstoles (enviados) para dos cosas: para estar con él y para enviarlos a predicar. Estos dos aspectos nos dicen mucho de lo que es ser sacerdote: - Para estar con Él: No pueden predicar sino están con Él, porque la predicación no es una teoría sobre algo, sino predicar al propio Cristo, palabra de Dios para siempre. Por eso el sacerdote debe estar muy unido a Cristo, es imprescindible para su tarea. Por tanto, para el sacerdote es imprescindible la oración, es su primera obligación, el sacerdote necesita contemplar a Cristo, meditar su palabra, renovar cada día la llamada que le hace ser sacerdote en todo momento y circunstancia. - Para enviarlos a predicar. El sacerdote es un hombre consagrado, dedicado por entero a predicar, a llevar a Jesucristo a los demás. Toda su vida está para esto. Por eso la vocación al sacerdocio exige una respuesta libre y total de la persona, no puede ser de otra manera, la vida del sacerdote queda "expropiada", dedicada por entero a la tarea de predicar. Jesús realiza su misión con obras y palabras, anuncia el Evangelio y lo realiza, por eso da a sus apóstoles "poder para expulsar demonios" es decir para expulsar todo aquello que aleja a la persona de Dios. Jesús predica y está al lado de los enfermos, de los que sufren, de los desesperanzados, a los apóstoles les pide y les da poder para lo mismo. Hoy en la Iglesia los sucesores de los apóstoles, los que tienen este tarea son los obispos, y los sacerdotes son sus colaboradores necesarios en esta tarea confiada por el mismo Cristo. EN MEDIO DE LA IGLESIA El sacerdote realiza la misión que Jesucristo le confía en medio de la comunidad cristiana con tres funciones íntimamente relacionadas entre sí. Se puede decir que son tres aspectos inseparables de la única misión del sacerdote. - El sacerdote ministro de
la Palabra de Dios. Debe anunciar y explicar la Palabra de Dios a todos,
para que cada persona pueda acercarse al Dios de Jesucristo, para que cada
persona pueda sentirse amada por Dios y llamada a vivir como Hijo de Dios
siguiendo a Jesucristo. Por eso la necesidad fundamental de que el sacerdote
rece y tenga gran familiaridad con la Palabra de Dios. El sacerdote es el
primer "creyente" en la palabra y así tiene plena conciencia de que las
palabras de su ministerio no son "suyas" sino de Aquél que lo ha enviado. El
sacerdote nunca es el dueño de la Palabra de Dios, es su servidor. No es el
único poseedor de esta Palabra. es deudor ante el Pueblo de Dios, de una
Palabra que él también ha recibido en y a través de la Iglesia. Por eso para
poder evangelizar, el sacerdote, como toda la Iglesia, debe crecer en la
conciencia de su permanente necesidad de ser evangelizado. - El sacerdote ministro de los sacramentos. En la celebración de los sacramentos, el sacerdote, presidente de esta celebración, renueva las palabras y gestos de Cristo para comunicar la salvación a los hombres. En la celebración de los sacramentos el sacerdote actúa "en la persona de Cristo" porque por la presencia del Espíritu es ministro de Cristo, cabeza de la Iglesia. Para el sacerdote, como para toda la Iglesia, la Eucaristía ocupa un lugar central en su vida, porque en ella se contiene Cristo mismo, nuestra Pascua y Pan vivo. - El sacerdote guía de la comunidad cristiana. El sacerdote está llamado a revivir la autoridad y el servicio de Jesucristo, Cabeza y Pastor de la Iglesia animando y guiando a la comunidad cristiana. Esta misión incluye la atención particular a cada persona y también a las diversas vocaciones que se dan en la Iglesia. El sacerdote está llamado a entregarse por amor al servicio de todos, especialmente de los más pobres y necesitados, como hizo el mismo Jesucristo. El sacerdote es parte de la Iglesia, pero también está puesto al frente de la Iglesia, para animar y llevar a toda la Iglesia a Cristo, para que cumpla su misión de ser signo y presencia de Cristo en medio de nuestro mundo. El sacerdote debe también, como parte de su tarea, rezar por todos, poner delante de Dios a las personas que le han sido confiados con sus circunstancias y necesidades. El sacerdote dedica toda su vida a esto, por eso renuncia a muchas cosas, trabajo, familia... cosas buenas en sí mismas pero a las que el sacerdote renuncia para poder estar con Cristo y predicar el evangelio, para cumplir su misión en medio de la Iglesia y del mundo. El sacerdote confía siempre en la promesa de Cristo: "Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo" (Mt 28, 20) y dedica toda su existencia a ser signo vivo de esta presencia.
Puede parecer paradójico, e incluso extraño, que en un mundo donde muy a menudo se manifiesta el poder del mal, donde hay tantas injusticias, odios y guerras, se levante la voz profética de unos hombres y mujeres en medio del desierto de nuestras sociedades, y proclamen un mensaje de esperanza y liberación.... A esto están llamados los religiosos y religiosas del nuevo milenio, como lo estuvieron quienes a ellos los precedieron. Ellos son quienes han aceptado el reto de ser testigos de la belleza de un Dios que es Padre, y que ama a cada ser humano. Son los testigos de la esperanza, que anuncian a los hombres de hoy el Evangelio con optimismo, porque no puede ser de otro modo. El verdadero testigo del Señor Resucitado, es el que transparenta una alegría que nadie le puede arrebatar. Es la alegría profunda y verdadera del cristiano que, aún en medio de las dificultades y sufrimientos, sabe descubrir el rostro amable de Dios.
LA VIDA DE LOS RELIGIOSOS Consiste en una vida
inspirada y plasmada en la vida de Jesús, de su existencia humana. Jesús fue
un hombre como nosotros, excepto en el pecado: el Verbo, que se hizo carne,
vino a enseñarnos cómo se ha de vivir en este mundo para llegar a la
salvación, a la felicidad plena y absoluta. Los Evangelios dan testimonio de
ello, y nos narran que la existencia de Jesús fue, toda ella, según la
voluntad de Dios, y por tanto fue una existencia que es para nosotros norma
ante la cuál no hay alternativa. - Vida buena. Buena porque es obediente al amor, y por eso capaz de mostrar humildad, mansedumbre, misericordia, caridad hacia los hermanos, el prójimo, los otros, los últimos y los pobres. - Vida bella. Vivir pobremente, no equivale a estar privado de acoger la belleza de las criaturas, de los hombres, de los acontecimientos cotidianos. Jesús no vivió aislado, sino que vivió una profunda y bella comunión con los hermanos. Él tuvo amigos, amigos verdaderos y muy queridos. Tuvo tiempo para contemplar el atardecer, fue un hombre capaz de percibir de manera sinfónica su propia historia, junto con la de los demás. De la mismo manera, los religiosos/as, tanto los que viven en sus conventos de clausura ofreciéndose e intercediendo por el mundo, como aquellos que a través de las obras de apostolado hacen presente a Cristo en medio del mundo, se abren a la Vida, admirando, lo bueno y la bello que ella encierra. - Vida feliz. Sólo quien
conoce un motivo por el que valga la pena dar la vida, conoce también una
razón por la que valga la pena vivir. Y Jesús tuvo este motivo y esta razón:
varias veces afirmó querer dar la vida por los hermanos, los otros, los
hombres; y esto daba sentido a su vida, haciendo de ella una misión. La
felicidad, se da, solamente, cuando se ha probado el sentido de la vida; si
Jesús pude ir al encuentro de la muerte libremente y por amor, es justamente
porque sabía que ese camino tenía sentido. Éste es el proyecto de todo
religioso y religiosa, ser testigo de Jesús que murió en la Cruz por
nosotros, y que resucitó, salvándonos del pecado, para darnos la verdadera
libertad.
LAICOS QUE SIGUEN A JESÚS DESDE LOS CONSEJOS EVANGÉLICOS Los Institutos Seculares son
una de las últimas formas de Vida Consagrada suscitadas en la Iglesia por la
fuerza del Espíritu Santo, para corresponder a las necesidades que la
Iglesia encuentra hoy al realizar su misión. Fueron aprobados por Pío XII en
la constitución apostólica "Próvida Mater Ecclesia" el dos de febrero del
año 1947 y han nacido y se han desarrollado inspirados por el anhelo
profundo de una síntesis entre estos dos polos: En esta síntesis de
Secularidad y Consagración, ninguno de los dos aspectos debe ser
infravalorado. Sus miembros son seglares, que viven en el mundo comprometidos con las realidades temporales, colaborando en la construcción del Reino, viviendo su consagración bautismal, siguiendo a Cristo en la vivencia de los consejos evangélicos. La vivencia de los consejos evangélicos en medio del mundo constituye un modo de vida que habla por sí sólo, manifiesta una nueva forma de vivir el gozo y la radicalidad del evangelio. - Su castidad dice al mundo:
que se puede amar con el desinterés y perennidad que brotan del corazón de
Dios, y que es posible dedicarse a todos sin atarse a nadie, preocupados
ante todo por los más abandonados. COMO FERMENTO EN LA MASA Los miembros de los Institutos Seculares son laicos consagrados. Laicos que no piden ningún privilegio, ni civil ni eclesiástico, que los separe de los otros fieles, pero que asumen todos los compromisos espirituales de una vida dedicada a Dios. Su servicio en la Iglesia consiste en vivir plenamente el Evangelio dentro del mundo, para transformarlo con la fuerza de las Bienaventuranzas. Por eso en cualquier parte se puede encontrar a un miembro de un Instituto Secular y ejercen todas las profesiones, En esta "normalidad" quieren ser auténticos seguidores y testigos de Jesucristo, quieren sentir y hacer sentir de verdad, que Dios ha hecho el mundo y "anda" en medio de él. Los Institutos Seculares testimonian que la posibilidad de ponerse detrás de Jesús está abierta a todos, nadie tiene la exclusiva. Desde el día a día, desde lo cotidiano, como don y como gracia, se experimenta la liberación, se experimenta la presencia del Señor a nuestro lado y la fuerza del Espíritu actuando constantemente en la historia. Nada ni nadie está excluido de la "Buena Noticia" de la experiencia y del conocimiento del verdadero rostro de Dios. La gran novedad que aportan los Institutos Seculares es su "estructura". Una estructura que implica una gran agilidad, movilidad y flexibilidad, para que cada persona pueda responder a la exigencia que comporta su condición de seglar, pero a la vez es una estructura que anima constantemente la comunión de vida a través del propio carisma, por el cual todos los miembros viven un propio ideal, trabajan por los mismos objetivos y disciernen los lugares concretos de compromiso laborales-apostólicos.
|
||
|
|
|||