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VETE DONDE MIS HERMANOS Y DILES...

 

Estamos llamadas a vivir y ser en Cristo.

 

Nosotras, Agustinas Misioneras, llamadas a continuar la búsqueda y el anuncio de Jesús resucitado, caminamos con María Magdalena viviendo con intensidad ese amanecer ante el sepulcro y ese encuentro con el Señor. 


Las llamadas del Espíritu son incesantes y están vinculadas a la historia. Por eso la fidelidad al Carisma exige de nosotras una escucha atenta y total disponibilidad para ser enviadas a donde los compromisos apostólicos nos soliciten haciendo presente el REINO por la fraternidad universal, el amor, la justicia y la paz. Nuestra misión especifica de evangelizar mediante la educación y promoción tiene como preferencia los ambientes pobres y necesitados y los territorios de misión.

Buscamos estar abiertas a la novedad histórica, a la evolución de los cambios y a la creatividad. Cultivamos la soledad y el intercambio comunitario como ámbito donde se enriquecen y comparten las luces recibidas para el bien de los demás.

Nuestras comunidades, constituidas en función de la misión, están atentas a las llamadas del Espíritu para responder con fidelidad siempre nueva, a las exigencias de la misión y para arriesgarse ante los desafíos a los que la intuición misionera nos convoca.

 

 

 

 

 

 

 

 

   

Señor, tú que nos diste el que te encontráramos

y el ánimo para seguir buscándote,

no nos abandones al cansancio ni a la desesperanza.

Haznos buscarte siempre y cada vez con más ardor.

Y danos fuerzas para adelantar en la búsqueda.

 

Manda y ordena lo que quieras,

pero limpia mis oídos para que escuchen tu voz.

Sana y abre mis ojos

para que descubran tus indicaciones.

Aparta de mí toda ignorancia

para que reconozca tus caminos.

Dime a dónde debo dirigir la mirada para verte a ti,

y así poder cumplir lo que te agrada

(San Agustín Soliloquios 1,5)