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Yahveh dijo a
Abram: «Vete de tu tierra, y de tu patria, y de la casa de tu padre, a la
tierra que yo te mostraré. De ti haré una nación grande y te bendeciré.
Engrandeceré tu n
ombre; y sé tú una bendición. Bendeciré a quienes te
bendigan y maldeciré a quienes te maldigan. Por ti se bendecirán todos los
linajes de la tierra». Marchó, pues, Abram, como se lo había dicho Yahveh, y
con él marchó Lot. Tenía Abram setenta y cinco años cuando salió de Jarán.
Tomó Abram a Saray, su mujer, y a Lot, hijo de su hermano, con toda la
hacienda que habían logrado, y el personal que habían adquirido en Jarán, y
salieron para dirigirse a Canaán. Llegaron a Canaán, y Abram atravesó el
país hasta el lugar sagrado de Siquem, hasta la encina de Moré. Por entonces
estaban los cananeos en el país. Yahveh se apareció a Abram y le dijo: «A tu
descendencia he de dar esta tierra. » Entonces él edificó allí un altar a
Yahveh que se le había aparecido. De allí pasó a la montaña, al oriente de
Betel, y desplegó su tienda, entre Betel al occidente y Ay al oriente. Allí
edificó un altar a Yahveh e invocó su nombre.
El año de la muerte del rey Ozías vi al Señor
sentado en un trono excelso y elevado, y sus haldas llenaban el templo. Unos
serafines se mantenían erguidos por encima de él; cada uno tenía seis alas:
con un par se cubrían la faz, con otro par se cubrían los pies, y con el
otro par aleteaban, y se gritaban el uno al otro: «Santo, santo, santo,
Yahveh Sebaot: llena está toda la tierra de su gloria». Se conmovieron los
quicios y los dinteles a la voz de los que clamaban, y la Casa se llenó de
humo. Y dije: «¡Ay de mí, que estoy perdido, pues soy un hombre de labios
impuros, y entre un pueblo de labios impuros habito: que al rey Yahveh
Sebaot han visto mis ojos!». Entonces voló hacia mí uno de los serafines con
una brasa en la mano, que con las tenazas había tomado de sobre el altar, y
tocó mi boca y dijo: «He aquí que esto ha tocado tus labios: se ha retirado
tu culpa, tu pecado está expiado». Y percibí la voz del Señor que decía: «¿A
quién enviaré? ¿y quién irá de mi parte?». Dije: «Heme aquí: envíame».

Antes de que fueras formado en el seno materno, te
conocía (Jer. 1, 4-9)
Entonces me fue dirigida la palabra de Yahveh en
estos términos: Antes de haberte formado yo en el seno materno, te conocía,
y antes que nacieses, te tenía consagrado: yo profeta de las naciones te
constituí. Yo dije: «¡Ah, Señor Yahveh! Mira que no sé expresarme, que soy
un muchacho». y me dijo Yahveh: No digas: «Soy un muchacho», pues
adondequiera que yo te envíe irás, y todo lo que te mande dirás. No les
tengas miedo, que contigo estoy yo para salvarte -oráculo de Yahveh-.
Entonces alargó Yahveh su mano y tocó mi boca. Y me dijo Yahveh: Mira que he
puesto mis palabras en tu boca.

Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres
(Mt. 4, 18-23)
Caminando por la ribera del mar de Galilea vio a
dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés, echando la red en
el mar, pues eran pescadores y les dice: «Venid conmigo, y os haré
pescadores de hombres». Y ellos al instante, dejando las redes, le
siguieron. Caminando adelante, vio a otros dos hermanos, Santiago el de
Zebedeo y su hermano Juan, que estaban en la barca con su padre Zebedeo
arreglando sus redes; y los llamó. Y ellos al instante, dejando la barca y a
su padre, le siguieron.

He aquí la esclava del
Señor. Hágase en mí según tu palabra
(Lc. 1, 26-38)
Al
sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea,
llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la
casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo:
«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Ella se conturbó por
estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo:
«No temas, Mana, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir
en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él
será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el
trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su
reino no tendrá fin». María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que
no conozco varón?». El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre
ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de
nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu
pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de
aquella que llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios».
Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».

Maestro, ¿dónde vives? Venid y veréis (Jn.
1, 35-43)
Al día siguiente, Juan se encontraba de nuevo
allí con dos de sus discípulos. Fijándose en Jesús que pasaba, dice: «He ahí
el Cordero de Dios». Los dos discípulos le oyeron hablar así y siguieron a
Jesús. Jesús se volvió, y al ver que le seguían les dice: «¿Qué buscáis?»-
Ellos le respondieron: «Rabbí -que quiere decir, "Maestro"- ¿dónde vives?».
Les respondió: «Venid y lo veréis»- Fueron, pues, vieron dónde vivía y se
quedaron con él aquel día. Era más o menos la hora décima. Andrés, el
hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan y habían
seguido a Jesús. Este se encuentra primeramente con su hermano Simón y le
dice: «Hemos encontrado al Mesías» -que quiere decir, Cristo. Y le llevó
donde Jesús. Jesús, fijando su mirada en él, le dijo: «Tú eres Simón, el
hijo de Juan; tú te llamarás Celas» -que quiere decir, "Piedra".
Señor, ¿qué quieres que haga? (Hech.22,
3-10)
«Yo soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero
educado en esta ciudad, instruido a los pies de Gamaliel en la exacta
observancia de la Ley de nuestros padres; estaba lleno de celo por Dios,
como lo estáis todos vosotros el día de hoy. Yo perseguí a muerte a este
Camino, encadenando y arrojando a la cárcel a hombres y mujeres, como puede
atestiguármelo el Sumo Sacerdote y todo el Consejo de ancianos. De ellos
recibí también cartas para los hermanos de Damasco y me puse en camino con
intención de traer también encadenados a Jerusalén a todos los que allí
había, para que fueran castigados. Pero yendo de camino, estando ya cerca de
Damasco, hacia el mediodía, me envolvió de repente una gran luz venida del
cielo; caí al suelo y oí una voz que me decía: "Saúl, Saúl, ¿por qué me
persigues?". Yo respondí: "¿Quién eres, Señor?". Y él a mí: "Yo soy Jesús
Nazareno a quien tú persigues". Los que estaban vieron la luz, pero no
oyeron la voz del que me hablaba. Yo dije: "¿Qué he de hacer, Señor?". y el
Señor me respondió: "Levántate y vete a Damasco; allí se te dirá todo lo que
está establecido que hagas"».

La llamada en la pesca milagrosa (Lc 5, 1-11)
"En aquél tiempo la gente se
apretaba alrededor de Jesús para escuchar la palabra de Dios, a la orilla
del lago de Genezaret. Vio dos barcas amarradas a la orilla del lago. Los
pescadores habían bajado a lavar las redes. Subió a una de las barcas que
era la de Simón y le pidió que la apartara un poco de la orilla: se sentó en
la barca y empezó a enseñar a la muchedumbre.
Cuando terminó de hablar dijo
a Simón: "Lleva la barca a la parte más honda y echa redes para pescar".
Simón respondió: "Maestro hemos trabajado toda la noche sin pescar nada,
pero sobre tu palabra echaré las redes". Y al echar las redes pescaron tal
cantidad de peces que las redes se rompían. Pidieron por señas a sus
compañeros que estaban en la otra barca que vinieran a ayudarlos; vinieron y
llenaron tanto las dos barcas, que se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se
arrojó a los pies de Jesús diciendo: "Apártate de mí, Señor, porque soy un
pecador". Pues, tanto él como sus compañeros estaban asombrados por la pesca
que acababan de hacer. Lo mismo le pasaba a Santiago y a Juan, hijos de
Zebedeo, compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: "No temas, de hoy en
adelante serás pescador de hombres". Entonces llevaron sus barcas a tierra,
lo dejaron todo y siguieron a Jesús". (San Lucas 5, 1 a 11).
MAR ADENTRO.
"Lleva la barca a la parte
mas honda y echa redes para pescar". La orden dada por Jesús a Simón es
sorprendente. Jesús no es pecador de oficio, a diferencia de Simón, y le
indica, sin embargo, lo que debe hacer. La orden es simbólica; es en alguna
forma, una parábola en acción. Cristo tiene en vista una empresa mucho mayor
que la pesca en el lago de Tiberíades. Al pedir a Simón que vaya mar
adentro, es como si lo quisiera invitar a una aventura en que se dejan las
playas de cada día en busca de un horizonte mucho más grande.
Toda vocación es un llamado
para ir "mar adentro", a desprenderse del pequeño horizonte de la vida
ordinaria, para comprometerse en una obra grandiosa, la de la salvación del
género humano.
LA CONFIANZA EN LA PALABRA DE JESUS.
"Sobre tu palabra echaré las
redes". Simón hace un acto de confianza ciega. Todo le aconseja que no siga
la orden dada por Jesús. "Maestro, toda la noche hemos estado trabajando sin
pescar nada". La experiencia que acaba de tener Simón protesta contra la
aventura a la que lo quiere llevar Jesús.
El sentido común le dice que
no hay esperanza de ninguna pesca. Sin embargo Simón pone sobre su
experiencia la sabiduría del Maestro. No comprende la orden dada, pero pone
su confianza en Jesús y obedece. Cree a la palabra de Jesús.
La vocación pide confianza en
la palabra de Cristo. Esta palabra puede parecer desconcertante. La aventura
en la que Jesús quiere lanzar a los que llama podrá parecer atrevida, con
poca perspectiva de éxito. Pero el Maestro sabe mejor que nadie a dónde
quiere llevar a un alma; con su omnipotencia hace triunfar el proyecto de la
vocación.
LA PESCA MILAGROSA
"Al echar las redes pescaron
tal cantidad de peces que las redes se rompían". Inmediatamente la confianza
de Simón fue recompensada. Jamás había hecho una pesca tan grande. La
cantidad de pescados sobrepasaba sus esperanzas. Cristo es generoso en la
abundancia de los bienes que da.
Al llevar a Simón a la pesca
milagrosa. Jesús le hace sentir el poder que tiene de colmar todos sus
deseos. Le hace comprender que en EL se encuentran la solución de todos los
problemas y la satisfacción a todas las aspiraciones; lo invita a unirse
definitivamente, únicamente a El.
PECADOR... ANTE DIOS
"¡Aléjate de mí, Señor, que
soy un pecador!". Simón tiene la conciencia de encontrarse ante quien posee
un poder divino.. Ahora bien, en presencia de Dios, el hombre debe
reconocerse pecador. Simón se reconoce indigno de vivir cerca de Jesús, en
su intimidad: ¡el pecador, al lado de la santidad en persona!
Ante la vocación, es normal
que el joven sienta completamente indigno. Ningún ser humano merece vivir en
la intimidad de Cristo, porque ninguno está exento de pecado, excepto la
Santísima Virgen María. Si sólo se considerara el pecado se debería pedir al
Señor que se alejara.
SOBREPONERSE AL TEMOR.
"No temas". Jesús no quiere
que Simón se aleje de El por temor. Desea reafirmarlo en su confianza. Simón
tuvo la audacia de echar las redes al mar fiándose de la palabra del
Maestro: ahora debe tener la audacia de permanecer en la compañía de Jesús
fiándose de su palabra alentadora.
El saberse pecador y
acompañar a Jesús, no detiene a Simón. En la vocación, Cristo no quita a
nadie su realidad de pecador, pero la fuerza de corresponder al llamamiento
a pesar de las faltas del pasado y de la indignidad del presente. Ayuda a
sobreponerse a los legítimos temores de la debilidad humana. Ofrece su
propia seguridad la garantía de que el ideal de la vocación puede
realizarse, porque El sostiene con su gracia.
PESCADORES DE HOMBRES.
"En adelante serás pescador
de hombres". El destino propuesto por Jesús es por mucho superior al oficio
ejercitado hasta entonces por Simón. Pescar hombres es una empresa mucho mas
noble y difícil que pescar peces. Es una misión maravillosa, más milagrosa
aún que la pesca que acaban de hacer.
La vocación compromete al
hombre en un trabajo muy por encima de los trabajos humanos ordinarios:
ganar almas para Cristo: Es en realidad una obra divina, porque solo Dios
puede elegir a un joven, convertirlo, transformarlo, santificarlo. Una obra
divina sobrepasa a todo oficio, carrera o profesión, a todo trabajo humano.
La vocación es una invitación a cumplir el trabajo de Dios, un trabajo
milagroso.
DEJARON TODO PARA SEGUIR A CRISTO.
"Lo dejaron todo y siguieron
a Jesús". Dejaron aún la pesca milagrosa que los había llenado de
admiración, porque comprenden que Jesús vale mucho más que las dos barcas
llenas de pescados que les acaba de obsequiar.
Los que están destinados a
ser pescadores de hombres, están invitados a dejarlo todo para seguir a
Cristo. Para trabajar plenamente, con todas sus fuerzas, en la obra de la
salvación de la humanidad, es necesario renunciar a todo lo demás, aceptar
el que todo su haber sea Cristo. La vocación reclama el desprendimiento
completo del mundo, para alcanzar el apego total al Salvador.

La
Vocación del Joven Rico (Mc. 17, 22)
- MIRADA AMOROSA Y EXIGENCIAS DEL
RENUNCIAMIENTO.
"Cuando Jesús se ponía en
camino, alguien corrió, se arrodilló delante de El y le dijo: - "Maestro
bueno: ¿qué debo hacer para ganar la vida eterna?". Jesús respondió - "¿Por
qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino solo Dios. Ya conoces los
mandamientos: no mates, no cometas adulterio, no robes, no digas cosas
falsas de tu hermano, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre". El le
contestó: - "Maestro, todo esto lo he cumplido desde mi juventud". Jesús
fijando su mirada en él, lo amó, y le dijo: "Una sola cosa te falta: Anda,
vende cuanto tienes, dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo;
ven después y sígueme". Pero al oír estas palabras se fue triste; tenía
muchos bienes". (San Marcos X: 17 a 22).
- UN ARRANQUE DE ENTUSIASMO.
San Marcos no nos dice nada
sobre la edad de esta persona rica; San Mateo (XIX-20) precisa que se trata
de un joven. El entusiasmo que manifiesta parece confirmarlo ¿Acaso no hace
falta ser joven de cuerpo y de alma para precipitarse hacia Jesús? En efecto
el joven corrió y se prosternó ante el Maestro. Lo que provocó su fervor fue
la bondad de Cristo de que fue testigo, pues lo llama de inmediato: "Maestro
bueno".
Jesús ciertamente merece este
entusiasmo. El amor que derrama a su alrededor es digno de conquistarle los
corazones. El rasgo distintivo del Maestro es su bondad. Por esto se puede
uno abandonar a El sin reserva, le puede entregar su vida con toda la
confianza.
El entusiasmo por la persona
amante de Cristo favorece la floración de una vocación.
- EL DESEO DE LA VIDA ETERNA.
¿Qué debo hacer para ganar la
vida eterno? El fin que se propone este joven es muy alto: comprendió que no
debía vivir sencillamente por el placer o por los goces terrenales, tan
pasajeros, sino por la verdadera vida que es la que dura siempre, la vida
eterna. Se muestra dispuesto a todo para alcanzar este fin. Diríase que está
pronto para aceptar todo lo que Cristo le va a decir. Por su pregunta pone
en manos del Maestro la orientación de todo su porvenir.
La disposición ideal para
recibir la vocación es por un lado el deseo de una vida más alta que la vida
terrenal, y por otro la voluntad de tomar todos los medios para alcanzarla.
Jesús responde con bastante
viveza: - ¿"Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino solo Dios". El
Maestro resfría el entusiasmo del joven porque su punto de vista es
inadecuado. Sin duda el joven esperaba que la bondad de Cristo fuera menos
exigente y más accesible que la de Dios. Jesús lo desengaña afirmándole que
su bondad es idéntica a la de Dios, con las mismas exigencias y en
particular que nada se quita a los mandamientos de la antigua ley.
El error del joven no
consiste en dejarse llevar del entusiasmo, son más bien en una falsa
esperanza, en contar que por razón de su bondad, Cristo lo dirigiría a la
vida eterna, sin exigirle mucho, sin pedirle renunciamientos ni sacrificios.
Precisamente porque es bueno y amable Jesús exige mucho a los llamados.
Cuando el joven declaró haber
cumplido los mandamientos, Cristo quiso señalarle un camino mas alto. Pero
antes de hablarle le dirige una mirada de amor, mirada que llamo la atención
de los testigos de esta escena. San Marcos lo dice claramente: "Jesús fijó
su mirada sobre él y lo amó".
Esta mirada del amor de
Cristo precede a la vocación. El Maestro mira al joven con una mirada
penetrante que quisiera llegar hasta las profundidades del alma para
decidirla a entregarse totalmente a El. Esta mirada está cargada de amor. En
otros lugares del Santo Evangelio leemos que Jesús amaba a ciertas personas
como Lázaro, Marta y María, o a Juan, "el discípulo que Jesús amaba". Aquí
el Evangelista escribe: "Jesús lo amó". Es un amor que surgió en ese momento
y que vieron pasar por los ojos del Maestro. Es pues, un amor muy especial,
el que acompaña el llamamiento.
Al leer por primera vez el
texto, se pudiera tener la impresión que el amor de Cristo fue atraído por
el hecho de que el joven había cumplido los mandamientos desde chico. Si
hubiera sido así, este sería un amor de agradecimiento y de aprobación, una
recompensa por la fidelidad del joven.
Sin embargo, el amor de su
mirada reviste otro significado, precede y lleva en sí una invitación a una
vida mas alta. Este amor de su mirada no se refiere a su pasado sino a su
porvenir. El amor de Jesús es un amor nuevo que llama a una vida nueva. Es
un don gratuito, un favor hecho al joven. Nunca hubiera podido merecer este
favor ni este amor. Se podría preparar y disponerse a recibir la gracia de
la vocación por el fiel cumplimiento de los mandamientos, pero nunca podría
merecer el llamado en sí mismo, que viene del libre amor del Señor.
- MAS ALLA DE LOS MANDAMIENTOS.
"Una sola cosa te hace falta"
le dice Cristo. Esta sola cosa tiene una importancia capital, aunque no sea
un mandamiento. Según el Evangelio de San Mateo, Jesús dijo: "Si quieres ser
perfecto"... Subraya que no se trata de un camino para practicar lo mínimo
indispensable para la amistad con Dios, sino para conquistar la perfección.
Este sentido estricto, este camino no es obligatorio: se propone a los que
libremente quieren obligarse: "Si tú quieres..."
Después se llamó a este
camino la vía de los consejos, para distinguirlo de la vía de los preceptos,
por cuanto llama mas a la libertad personal y porque no es necesario para la
salvación. El llamado a la vocación no se impone bajo pena de pecado. Viene
de un amor especial de Cristo, que reclama una mayor espontaneidad de amor,
una decisión mas libre, y quiere suscitar el deseo de una generosidad que
vaya mas allá de lo prescrito.
" Vende cuanto tienes".
Cristo pide el renunciamiento a los bienes de esta tierra, al dinero. Si el
joven quiere ser perfecto debe liquidar su fortuna y darla a los pobres. En
cambio, tendrá un tesoro invisible, un tesoro en el cielo. Así podrá como
pobre, seguir a un Maestro pobre.
Tal es la exigencia de la
vocación. El llamamiento pone frente a una opción, como al joven del
Evangelio; permanecer apegados a los bienes de la tierra, o entregarse a
Cristo renunciando a estos bienes.
El joven rico probablemente
esperaba conciliar el disfrutar de su herencia y alcanzar la perfección.
Cristo le impone a escoger, porque "nadie puede servir a dos señores".
- UNA OPCION CLARA Y LIBRE.
Esta vez la elección de la
vocación está claramente definida. El joven puede tomar una decisión con
conocimiento de causa. Jesús no quiso aprovechar su entusiasmo pasajero para
atraerlo a su lado. Al contrario, desea que lejos de seguirlo por un impulso
emotivo, reflexione y pese el valor del sacrificio que le pide. Al enumerar
los mandamientos le da tiempo de que recobre su sangre fría: después le ha
manifestado las condiciones de una vida mas perfecta, sobre todo la pobreza,
que era más difícil de aceptar para el joven.
El amor de la mirada de
Cristo es realmente seductor, pero no quita la libertad a aquél a quien se
dirige: por encantado que esté por este cariño , el joven responderá con
entera independencia a la propuesta que se le hace.
"Pero él al oír estas
palabras se fue triste". No puede no manifestar la decepción que tuvo al oír
las palabras de Cristo: no era lo que esperaba. Poseyendo una gran fortuna,
no quiere sacrificarla. Entre la riqueza y Jesús, escoge la riqueza. Rechaza
la invitación de seguir al Maestro.
"Se fue triste". Se le vio
dar la espalda a Jesús y se fue hacia sus bienes. La opción que hizo no lo
hace feliz. Está triste porque Dios es la única fuente de felicidad: el que
se aleja del Señor para gozar de los bienes de este mundo, solo cosecha la
tristeza.
El joven rechazó la mas
grande de las gracias que le era ofrecida. Permanece como ejemplo del "No"
dicho a la vocación, "No" que se opone a la mirada de amor de Cristo.
Si no cometió pecado al decir
"No", sin embargo, perdió por su cobardía, el don tan precioso que se le
ofrecía, y perdió la oportunidad de una vida mucho más noble: la
participación al gran sacrificio de Cristo por la salvación de los hombres.

La vocación de Felipe
ENCUENTRO DE JESUS Y LLAMADO A
HACERLE COMPAÑÍA
"Al día siguiente, Jesús
resolvió partir para Galilea. Encontró a Felipe y le dijo: "Sígueme". Felipe
era de Betsaida, el pueblo de Andrés y de Pedro". ( S. Juan I, 43-44).
UN ENCUENTRO
INTENCIONAL
Jesús "encontró a Felipe".
Aparentemente era un encuentro casual. De hecho, adivinamos que Jesús
encontró a Felipe en el camino porque lo quería encontrar . Desde hacía
tiempo había preparado este encuentro por un trabajo secreto en el alma de
Felipe; no hubiese podido lanzar su llamado al que no estuviera dispuesto de
algún modo. Encuentro y llamamiento sólo se improvisan en apariencia; por
mucho tiempo han sido meditados por Cristo, que encuentra al que quiere, en
el momento que quiere, en las circunstancias que quiere.
La vocación viene de un
encuentro con Cristo, quizá en el momento menos pensado. Jesús se adelanta
al que quiere llamar. Como lo ha preparado para escuchar el llamado, el
encuentro puede mover inmediatamente las profundidades del alma.
SÍGUEME
"Sígueme". La invitación
dirigida a Felipe prueba que el llamado de Cristo pide ante todo el apego a
su persona. Jesús no le dice a Felipe qué actividad va a desempeñar.
Sencillamente le pide que lo acompañe en el camino y se abandone a El con
confianza para todo su porvenir.
El término que traducimos por
"seguir" quiere decir más exactamente "acompañar". Jesús no quiere que lo
sigan como un siervo sigue a su amo. Quiere que lo acompañen, que vivan a su
lado como amigos. Seguir, es dejarse conducir por un llamado de amor y
comenzar una amistad.
La expresión "sígueme" es, en
su brevedad, la fórmula más característica del llamado a una vida
enteramente entregada al Señor. Subraya la unión de persona a persona que se
establece en una vocación. El que acepta el llamado no sabe por adelantado
lo que tendrá que hacer ni las situaciones a las que tendrá que enfrentarse.
Pero está seguro de Cristo; su compromiso de fidelidad personal.
Compromiso y fidelidad se
fundamentan en el que ha sido llamado sobre el compromiso y la fidelidad
absoluta del Señor. Al decir "sígueme" Jesús se obliga a trazar el camino y
a sostener con su fuerza divina al que se confió a El. Le promete una
fidelidad sin desmayo. El que sigue a Cristo jamás puede perderse, ni
encontrarse sin apoyo. Con tal que no se detenga en su seguimiento,
infaliblemente se salva y salva a muchas almas.

La vocación de Simón
"Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de
los dos que siguieron a Jesús por la palabra de Juan. Andrés fue a buscar
primero a su hermano Simón y le dijo: "Hemos encontrado al Mesías, el
Cristo". Y llevó Jesús. Jesús miró fijamente a Simón y le dijo: "Tu eres
Simón, hijo de Juan; te llamarás Cefas", que quiere decir piedra". (S. Juan
I, 40-42).
EL ENCUENTRO CON CRISTO
"Hemos encontrado al Mesías".
Las palabras de Andrés indican su gozo por haber hallado a quien deseaba
encontrar, hacia quien iba toda la aspiración de su alma. El encuentro del
Mesías fue el triunfo de su vida. Está decidido a no dejar a quien encontró.
Su manera de expresarse demuestra una decisión definitiva.
El llamado de la vocación
hace encontrar ese Salvador por el que todo hombre aspira. Hace hallarlo en
un encuentro más profundo que el de toda vida cristiana. Este encuentro con
Cristo, que pide un don total, llena el corazón humano. El que ha sido
llamado se da cuenta que, al dar con Jesús en su camino, encuentra el por
qué de su vida. Encontrándolo, desea no dejarlo más.
MEDIADOR DE LA VOCACION
"Y lo llevó a Jesús". En la
actuación de Andrés, que lleva a su hermano Simón a Jesús, se revela el
papel de los medios humanos en la gracia de la vocación. Cristo hubiera
podido encontrar directamente a Simón; prefiere servirse de Andrés como
intermediario, porque para la vocación, como para la salvación, el Salvador
pide la colaboración de otros. Quiere tener necesidad de sus discípulos.
Andrés, sin tener conciencia
de la grandeza de su actuación, provoca el encuentro de Jesús con el que
será el jefe de su Iglesia.
Cuando uno es llamado y
responde positivamente al llamamiento tiende a hacerse para los demás el
conducto del llamamiento de Cristo. Quien encuentra a Cristo desea que otros
también lo encuentren y compartan su gozo, aspira a llevar a otros a este
encuentro decisivo.
Hay llamamientos que Cristo
quisiera hacer oír, pero que las almas no escuchan por falta de mediadores
que transmitan el llamado ardiente de Cristo, porque no han hecho lo posible
para utilizar todos sus recursos.
Al llevar a Simón a Jesús,
Andrés hizo un inmenso servicio a la Iglesia. El que ayuda a una vocación a
realizarse, no alcanza a medir el importantísimo servicio que hace al reino
de Dios, el refuerzo que da a toda la Iglesia.
MIRADA PENETRANTE
"Jesús miró fijamente a
Simón". Jesús no vio a Simón con una mirada ordinaria. La vocación se
caracteriza por la mirada insistente de Dios. Para traducir literalmente la
expresión del Evangelio, habría que decir: "habiéndolo visto en su
interior". La mirada del Maestro penetra el interior del alma. Trata de
llegar al fondo de la persona para transformarla. Pronto Jesús anunciará la
transformación que quiere de Simón Pedro.
La mirada manifiesta el
contacto personal que se establece por la vocación. Toda vocación viene a
través de la mirada penetrante de Cristo, de su voluntad de penetrar el
interior de una alma para tomar posesión de ella, para vivir en comunicación
constante con ella.
PROMESA DE SER OTRO HOMBRE
"Jesús le dijo: "Tu eres
Simón hijo de Juan; te llamarás Cefas, que quiere decir: piedra". Al imponer
a Simón un nombre nuevo, Cristo manifiesta que quiere ver en él un hombre
nuevo. Según la mentalidad judía, el nombre identifica a la persona. Dar un
nombre nuevo a alguien es hacer de él una nueva persona.
La nueva personalidad dada a
Simón está determinada por su misión. Jesús quiere hacer de él la roca firme
sobre la que fundará su Iglesia. Le señala un destino grandioso, le prepara
una vida incomparable superior a la que ha llevado hasta ahora. El pescador
de Galilea, Simón será el primer jefe de la Iglesia.
La vocación requiere esta
transformación: cuando Cristo llama, quiere confiar al llamado una misión
muy alta, que sobrepasa por mucho todos los quehaceres humanos.
Cristo llama para formar un nuevo hombre. La
vocación engrandece considerablemente al hombre, tiende a conferirle un
nuevo rostro, mucho mas intrépido.

La vocación de Natanael
LLAMADO A VER GRANDES COSAS
"Felipe encontró a Natanael y
le dijo: "Hemos encontrado a Aquél de quien hablan Moisés y los profetas; es
Jesús, hijo de José de Nazaret". Natanael le respondió: ¿Puede venir algo
bueno de Nazaret?"- "Ven y verás", le contestó Felipe. Jesús al ver venir a
Natanael , dijo de él: "Este es un verdadero israelita en quien no hay
doblez".- "¿De cuándo a acá me conoces?", le preguntó Natanael. Y Jesús le
respondió: "Antes de que Felipe te hablara, cuando estabas bajo la higuera,
Yo te vi".- "Maestro" le respondió Natanael, "¡Tú eres el Hijo de Dios! ¡Tú
eres el rey de Israel!". Jesús le dijo: "¡Porque te dije que te vi bajo la
higuera crees! Verás cosas mucho más grandes". (S. Juan I. 45-50).
HACER OIR LA LLAMADA DE CRISTO
"Ven y verás". Las palabras
de Felipe son la repetición de las de Jesús a los dos primeros discípulos:
"Vengan y vean". Felipe, mediador de la vocación de Natanael, aparece así
mas claramente como portavoz de Jesús, el que transmite las palabras del
Maestro. Llama como Cristo llama. Jesús subraya el papel de Felipe en el
llamado de Natanael: "Antes que Felipe te llamara..."
No hay misión mas noble que
hacer llegar el llamamiento en nombre de Cristo. Felipe interviene en la
vocación de Natanael como Andrés en la de Simón. Contribuye, por su
intervención personal, al florecimiento de una vocación, asociado al acto
soberano del poder y amor divinos por el que el Maestro llama a un joven a
entregarse totalmente a El.
LA ESTIMA QUE MUESTRA JESUS.
"He aquí a un verdadero
israelita". Este elogio de Natanael manifiesta la actitud bondadosa de
Jesús. Antes Natanael había dicho una palabra de cierto desprecio hacia El.:
"¿Puede venir algo bueno de Nazaret?", Por respuesta, Cristo mostró estima y
admiración por la franqueza de este hombre "en quien no hay doblez". La
lealtad ayudará a Natanael a realizar el nuevo ideal al que es llamado:
verdadero israelita, será verdadero apóstol.
La estima está en la raíz de
la vocación. Cuando Jesús llama a alguien es que lo juzga capaz de
corresponder. Detecta las cualidades que harán posible una vida generosa en
su servicio. Así la vocación es prueba del aprecio especial del Maestro:
para quien es invitado constituye un verdadero elogio.
CONOCIMIENTO PERFECTO QUE PRECEDE AL
LLAMAMIENTO.
"¿De cuándo acá me conoces?",
pregunta Natanael, sorprendido de verse definido por el rasgo dominante de
su carácter. Jesús contesta probándole que este conocimiento es mucho más
completo de lo que se imagina: "Antes de que Felipe te llamara, cuando
estabas bajo la higuera , Yo te vi". El Maestro describe el estado de
Natanael antes de ser llamado; sólo se trata de un detalle: que Natanael
haya estado en ese momento bajo una higuera de su huerta o en otro lugar
importa poco. Pero la indicación dada por Jesús prueba que nada se le escapa
de la vida y conducta del que quiere llamar. El Maestro conoce toda la vida
de Natanael.
Este conocimiento perfecto es
una garantía para la vocación. El que es llamado debe estar seguro de que
Cristo lo conoce a fondo y que, por lo tanto, la vocación tiene todas las
probabilidades de éxito.
Si teme su flaqueza debe
admitir que Cristo lo conoce mucho mejor de lo que él mismo se conoce. No
debe declarar imposible lo que el Maestro juzga posible; debe fiarse de la
mirada más lúcida de Jesús: "Yo te vi".
EL ACTO DE FE
"Tú ere el Hijo de Dios". Por
la mirada sobrenatural de Jesús, Natanael quedó convencido: hasta ese
momento había dudado y aún manifestado desconfianza hacia Cristo, pero ahora
le expresa su fe. Este acto de fe era necesario para que pudiese seguir con
amor al Maestro.
Para corresponder a la
vocación, hace falta tener fe viva en Cristo tenerlo presente como Hijo de
Dios. La vocación exige una entrega absoluta que sólo Dios puede reclamar,
Sólo corresponde quien cree en Dios que lo llama.
PROMESA DE VER GRANDES COSAS.
"Verás cosas mucho mas
grandes". Natanael estará asociado a la vida pública del Salvador, llena de
numerosos milagros y de la revelación del Dios Amor. Participará en la
grandiosa odisea de la Redención de la Humanidad, cuya cúspide será la
Resurrección del Salvador.
Toda vocación tiene la
promesa de ver cosas grandes. Los que aceptan entregar su vida a Cristo se
convierten en testigos privilegiados de las maravillas de la gracia en los
corazones, del triunfo del amor divino sobre el mal del mundo.

La vocación de Mateo
LLAMADA A DEJAR UNA VIDA CÓMODA POR
UNA VIDA APOSTÓLICA .
" Al irse de ahí, Jesús vio a un hombre
llamado Mateo, cobrador de impuestos, sentado ante su mesa, y le dijo:
"Ven". Mateo, levantándose, lo siguió". (San Mateo IX-9).
JESÚS LLAMA A UN PUBLICANO.
Al llamar a Mateo, Cristo
agrega un publicano al grupo de sus discípulos. Los publicanos tenían mala
reputación, eran mirados por los judíos fervientes como pecadores públicos
con quienes habrían que evitar todo trato. Jesús no está de acuerdo con este
prejuicio y no duda en llamar al corazón generoso de un publicano para
atraerlo en su seguimiento. Esto revela la libertad absoluta de la elección
divina de una vocación. ¡Dios no juzga como los hombres! Llama aún a
individuos que parecen indignos. Escoge al que quiere, sin tener en cuenta
las apreciaciones humanas.
EN EL MOMENTO QUERIDO POR DIOS.
Su vocación puede llegar en
el momento menos pensado. Mateo está sentado ante su mesa, donde recibe el
pago de los impuestos. Aparentemente no piensa sino en cumplir bien su
oficio y en sacarle jugo. No pudo prever el paso inesperado de Cristo que
iba a cambiar su vida.
Con esto Dios muestra su
soberanía en el llamado: no solamente llama a quién quiere, sino llama
cuando quiere. Bajo este punto de vista se puede comparar el momento de la
vocación al de la muerte. El Señor, por la muerte llama a cada hombre al más
allá, en el instante que ha fijado, y que varía de individuo a individuo.
Igualmente varía el momento
de la vocación. A menudo el llamado se dirige en los años de la juventud,
aunque algunos llamados mas tarde, hasta en una edad muy avanzada.
VIDA TRANSFORMADA.
Al decir "Ven". Cristo,
desbarata la vida de Mateo. Hasta ese momento había sido una vida tranquila,
cómoda, la vida de un hombre sentado en su despacho. Mas de pronto es
arrojado a una aventura. Felizmente Mateo acepta de inmediato. Consiente en
cambiar de vida. El Santo Evangelio señala muy bien el contraste:
"levantándose le siguió". El que antes permanecía sentado se levanta y
acompaña a Jesús en los caminos. Desde ahora Mateo no tendrá la vida cómoda
que llevaba. Compartirá los riesgos, peligros e incomodidades de la vida de
Cristo.
Así la vocación transforma
una vida. El Maestro no teme descomponer los hábitos de comodidad a fin de
llamar a una vida mas alta, mas grande. El lugar del oficio de cobrador de
impuestos, asigna a Mateo la misión de apóstol. A todos los que hace llegar
su llamado: "sígueme", les pide "que se levanten" para un trabajo atrevido y
una intensa abnegación apostólica.

Llamada de San Pablo
"Saulo, que todavía respiraba
amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, se presentó al sumo
sacerdote y le pidió cartas para la sinagoga de Damasco, para traer presos a
Jerusalem a cuantos hombres y mujeres hallase adeptos a esta doctrina.
Caminando a Damasco, ya se
acercaba a esta ciudad, cuando de repente lo cercó de resplandor una luz del
cielo. Y cayendo en tierra oyó una voz que decía: "Saulo, Saulo, ¿por qué me
persigues?". Y él respondió: "¿Quién eres tú Señor?". Y el Señor le dijo:
"Yo soy Jesús, a quien tú persigues, dura cosa es para ti dar coces contra
el aguijón".
Él entonces dijo..."Señor,
¿qué quieres que haga?" Y el Señor le respondió: "Levántate y entra en la
ciudad, donde se te dirá qué debes hacer". Los que lo acompañaban estaban
asombrados, oyendo, sí, la voz, pero sin ver a nadie. Saulo se levantó de la
tierra, y aunque tenía abiertos los ojos, no veía nada. Tomándolo de la mano
lo llevaron a Damasco. Durante tres días se quedó sin ver y sin tomar
alimento ni bebida.
Estaba en Damasco un
discípulo llamado Ananías a quien se dirigió el Señor diciéndole: "Ananías".
"Aquí estoy, Señor", respondió Ananías. "Levántate", le dijo el Señor, y ve
a la calle llamada Recta; y busca en casa de Judas a un hombre de Tarso
llamado Saulo, que ahora está en oración". Respondió Ananías: "Señor, he
oído decir a muchos que este hombre ha hecho grandes daños a tus santos en
Jerusalem, y viene con poderes de los sumos sacerdotes para encarcelar a
todos los que invocan tu nombre". "Ve a encontrarle, le dijo el Señor,
porque este hombre es un instrumento elegido por mí para llevar mi nombre
delante de todas las naciones, y de los reyes, y de los hijos de Israel. Yo
le haré ver cuántos trabajos tendrá que padecer en mi nombre".
Fue Ananías, entró en la
casa, impuso las manos a Saulo y le dijo: "Saulo mi hermano, el Señor Jesús
que se te apareció en el camino me ha enviado para que recobres la vista y
quedes lleno del Espíritu Santo". Al momento cayeron de sus ojos unas como
escamas y recobró la vista. Levantándose fue bautizado. Habiendo tomado
alimentos recobró fuerzas". (Hechos de los Apóstoles IX, 1 a 19).
* Perseguidor generoso.
Saulo era el más encarnizado
enemigo de la Iglesia primitiva: convencido de la verdad del judaísmo,
quería exterminar la secta cristiana. "Han oído hablar, escribirá más tarde
a los Gálatas, el modo con que en otro tiempo vivía yo en el judaísmo, con
qué furia perseguía a la Iglesia de Dios y la desolaba, y cómo me señalaba
en el judaísmo más que muchos de mis compatriotas, siendo en extremo celoso
de las tradiciones de mis padres"(I, 13-14).
Este encarnecimiento de
perseguidor revela en Pablo una cualidad fundamental: "estaba lleno del celo
de la gloria de Dios" (Hechos XXII, 3) queriendo servir al Señor con
fogosidad y abnegación sin medida. Su generosidad al servicio divino lo
empujaba a perseguir sin piedad a los cristianos. Se comprende que esta
cualidad preparó a Pablo para su vocación.
* Origen de la vocación.
Al hablar de su vocación,
Pablo la hace remontar mucho antes del acontecimiento que se produjo en el
camino de Damasco. Afirma que "Dios lo había llamado por su gracia, desde el
seno materno" (Gal I-15). Al origen de su existencia, aún antes de su
nacimiento, Pablo había sido señalado por la vocación. Dios se lo había
apartado o lo había escogido, es decir que había separado a Pablo de los
demás hombres y del mundo, para tomar posesión de su vida, reservándoselo
para sí. Lo había llamado por su gracia, es decir que por un favor
enteramente gratuito, había decidido hacerle oír su llamamiento. En este
sentido fue predestinado a la vocación.
La infancia, la juventud de
Saulo y aún su actitud de perseguidor, estaban en realidad impregnados y
ordenados por esta predestinación: toda su vida estaba orientada, sin darse
cuenta, hacia el momento en que la vocación se iba a revelar.
* Encuentro con Cristo
vivo.
Iba a llegar Saulo al término
de su viaje, cuando queda cegado por la luz de Cristo y echado por tierra.
No ve el rostro de Jesús pero oye su voz: "¡Saulo, Saulo! ¿por qué me
persigues? Yo soy Jesús a quien tú persigues".
Saulo creía que Jesús estaba
muerto, bien muerto y que su lamentable fin sobre la cruz era la señal de la
reprobación de Dios para su obra. Cuando he aquí que de pronto se da cuenta
de la potencia triunfadora de este Jesús que le prueba que está vivo, puesto
que lo detiene y lo tira por tierra. Saulo encuentra a Cristo gloriosos, a
un Cristo rodeado de luz sobrenatural.
En toda vocación, desde
ahora, el llamamiento procede de Cristo resucitado. La fuerza divina de la
resurrección está comprometida en el llamamiento; por este motivo la
vocación es un misterio de vida nueva, un misterio de gozo, felicidad y
alegría.
* Llamado de Cristo.
Jesús se aparece a Saulo
identificado con su Iglesia, puesto que se proclama perseguido. La
persecución contra los cristianos alcanza personalmente a Cristo.
Desde luego Jesús detiene e
interpela a Saulo en el camino de Damasco como jefe de su Iglesia. El autor
del llamado es Cristo en su Iglesia. Se puede decir que con Jesús está toda
la Iglesia dirigiéndose a Saulo para llamarlo y para provocar la
transfiguración de perseguidor en apóstol.
Por este motivo la Iglesia
tiene parte en la vocación: cuando Cristo llama lo hace por y para la
Iglesia, y en nombre de la Iglesia. El llamamiento es por demás un servicio
voluntario en la Iglesia y por la Iglesia: apego a Cristo y servicio de la
Iglesia son una sola y misma cosa.
* Respuesta de Saulo.
"Señor, ¿qué quieres que
haga? (Hechos XX, 10). Es notable la docilidad de Saulo al llamamiento de
Dios. Venía a Damasco con voluntad firme de perseguir a los cristianos
violentamente y he aquí que deja todo lo que quería hacer y no busca ya mas
que conocer la voluntad de Jesús. Se ofrece con una disponibilidad sin
límites. Su generosidad al servicio de Cristo.
Saulo es el modelo de la
aceptación de la vocación. Para él, el llamado echaba por tierra su vida y
sus convicciones. Pero este llamado fue recibido por un alma grandemente
abierta.
* Misión que da Dios a
Pablo.
"Este hombre, dijo el Señor a
Ananías, es para mí un instrumento de elección para llevar mi nombre delante
de todas las naciones, de los reyes y de los hijos de Israel". Del primer
perseguidor, Cristo quiere hacer el mayor apóstol de la Iglesia primitiva,
el que llevará a cabo el más extenso trabajo de evangelización entre las
naciones paganas.
El pasado de Saulo no será un
obstáculo para esta misión; de perseguidor que fue ahora será mucho más
ardiente para proclamar y extender la fe en Cristo. Pudiera suceder que
ciertas personas, llamadas por el Señor para una misión apostólica
importante, hayan tenido un pasado aparentemente poco de acuerdo para esta
misión. Pero este pasado no es para ellas un obstáculo, porque la vocación
opera una renovación del alma, pone fin a un período de la existencia e
inaugura un nuevo destino.
* Llamado al sacrificio.
Cristo declara aún: "Yo mismo
le haré ver todo lo que tendrá que sufrir por mi nombre". La vocación
confiere a Saulo la eminente dignidad de apóstol, pero lo destina al mismo
tiempo al sufrimiento. Una misión apostólica no puede cumplirse sin
sacrificio, y Pablo tendrá que experimentarlo.
La vocación, llamamiento para
seguir a Cristo, es siempre un llamado a unirse a su sacrificio, compartir
su Pasión para cooperar a la salvación del mundo. A los que llama
especialmente para ser sus apóstoles y testigos, Jesús les muestra todo lo
que tendrán que sufrir por su nombre, por amor de Él.
* Efusión del Espíritu
Santo.
Para que Pablo pudiera
realizar lo que le pide el Señor, deberá recibir la luz y la fortaleza de lo
alto, "ser lleno del Espíritu Santo". Como en él, conversión y vocación
coinciden; la gracia que necesita le es dada por el bautismo.
El llamado de la vocación no
toca solamente el exterior del alma: para penetrar en una personalidad, en
una vida humana y para moderarla según su nuevo destino, es acompañada de
una efusión del Espíritu Santo. El alma es transformada por el Espíritu
Santo y se vuelve apta para realizar todas las exigencias de la vocación,
para cumplir la misión confiada por el Señor.
* Bautismo y vocación.
En el caso de Saulo aparece
más vivamente el estrecho lazo que existe entre bautismo y vocación. Por el
bautismo Dios se adueña de una alma para llenarla de su vida divina; por la
vocación quiere adueñarse de ella mucho más, llevando hasta lo máximo esta
posesión.
El bautismo inauguró la vida
de Pablo "en Cristo", vida de fe y de amor. En virtud de la vocación Pablo
se entregó totalmente a Cristo que entraba en su alma; se puso a vivir
únicamente por Él: la fe y la caridad alcanzaron su más grande dimensión en
la total consagración a su misión apostólica.
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